una historia más 3-4

abril 28, 2010 at 12:39 pm (Una historia más)

3-4
Cuando la trender despertó se sentía rara. El ambiente era extrañamente seco, estaba debilitada y apenas sentía xenos en la zona. Reflexionó y se dio cuenta de lo ocurrido, habían modificado demasiado la realidad del lugar, volviendo el poder del xenos realmente inestable. Entonces recordó todo lo que había pasado, pero no estaba tirada en el suelo, trató de moverse… estaba atada.
Era demasiado tarde cuando pudo ver lo que pasaba. Estaba atada, a merced del enemigo y, el trender, estaba utilizando el xenos que había en ella y su propia vida para curar a sus compañeros. Elenne trató de moverse y luchar por su vida, pero ya no tenía fuerzas, poco a poco comenzó a dormirse de nuevo. Había sido derrotada y ella misma, contra su voluntad, había salvado las vidas de sus débiles enemigos.
Zeod y Nahenia permanecían estables pero malheridos, tan solo Melissa y Narfren estaban en condiciones de moverse.
-Deberíamos meterlos en el coche y marcharnos, pero no podemos moverlos en este estado ¿Qué vamos a hacer?-Dijo Narfren.- No creo que tarden en echar de menos a un trender de alto nivel.
-Yo lo que no creo es que salgan a buscarlo, era un soldado peligroso, creo que confiarán en que nadie hubiese podido vencerle, o estarán demasiado ocupados tratando a sus heridos. Parece que su batalla terminó hace poco y con la desaparición del xenos estarán bastante desconcertados. No creo que se pongan a rastrear.
-¿Entonces sugieres que nos quedemos aquí quietos y esperemos?
-Al menos esta noche, saliendo en coche llamaremos mucho más la atención, mejor quedarnos y ver cómo les va a nuestros compañeros.
-Creo que es demasiado arriesgado, pero tienes razón en que salir es igualmente arriesgado para nosotros y mucho más para Zeod y Nahen. Será mejor que pasemos aquí la noche entonces.
-Sí, yo a demás necesito descansar, me dejé llevar demasiado por el combate y…- Con estas palabras Melissa calló dormida sobre el sillón en el que estaba.
La granja que habían utilizado como escondite parecía llevar vacía ya unos días y debería servirles de buena tapadera. Narfren también decidió descansar un poco.
La luz les despertó a la mañana siguiente. Habían dormido despreocupadamente y eso les inquietaba ahora. El exterior parecía tranquilo, no había ningún movimiento y parecía que no estaban patrullando el exterior. Al rato se despertaron también los dos heridos, lo que tranquilizó bastante al grupo, pero no podían quedarse a esperar para ver qué ocurría.
En la granja tenían todo lo que necesitaban para pasar unos días en caso de necesidad. Todavía había comida y bebida en abundancia, y Narfren y Melissa sabían que no podían exigir demasiado a Zeod y Nahenia, por lo que decidieron esperar un poco en el lugar a ver como avanzaba el día, utilizando como escusa el exceso de luz para la huida. Los heridos no se dieron cuenta del engaño y aceptaron quedarse y descansar un poco más, hasta el atardecer.
- Melissa, ¿puedes hacerte cargo de esos dos? – Preguntó de golpe Narfren.
- Claro, ¿por qué?
- Quiero aprovechar, ya que vamos a pasar aquí un poco de tiempo más, quiero ver cómo están las cosas por dentro y recolectar la máxima información posible antes de irnos.
- Será mejor que vaya yo y tu te quedes, después de todo, tu eres el médico y yo la soldado.
- No, quédate tu, si hay qu defender el lugar, estás mucho más preparada, yo se escodnerme bien, tengo al mundo de mi lado.
- Hmmm, bueno, cómo quieras. ¿Cuánto tardarás?
- Si no he vuelto a las 19.00, iros sin mí.
-No lo haremos, si no has vuelto, saldré a buscarte.
-Lo sé, no arriesguéis demasiado. Volveré lo antes posible.
Diciendo esto dejó la casa y se acercó al coche, colocó la mano sobre el suelo y de este comenzaron a surgir enredaderas como las que cubrían parte de los muros más cercanos. Las plantas siguieron creciendo y pasaron sobre el coche. Cualquiera que lo viese aseguraría que aquel vehículo llevaba allí aparcado mucho tiempo, y eso era lo que Narfren pretendía. Sonrió, no estaba seguro de si debía alegrarse o preocuparse, pero parecía que se había normalizado un poco el xenos.
Se acercó al muro de la ciudad y caminó bien cerca hasta la primera brecha, desde allí miró al interior. Todo parecía en calma, la mayoría de los fuegos habían sido apagados, no se veía apenas movimiento por las calles y las persianas de los edificios permanecían bajas, aunque se podía intuir la luz en su interior. El ílmansar entró en la ciudad saltando ágilmente entre los restos del muro.
Las calles estaban desérticas y destrozadas, hacia las afueras todo parecía más intacto pero según se iba acercando a la nave, que permanecía estrellada en el centro de la ciudad, se iban notando más y más los restos de la batalla. Los vehículo sestaban destrozados, la sangre y los restos de los combatientes todavía cubrían el suelo en algunas zonas, los decorados y útiles de la ciudad presentaban “heridas de bala” en los casos más afortunados. La basura y los escombros cubrían toda la parte inteirior de la ciudad. Narfren pensó que tardarían meses en arreglar todo aquello y, mientras divagaba sobre ello, se topó con dos limpiadores.
Los dos hombres estaban ocupados regando con una sustancia desconocida para Narfren la basura y los escombros, por lo que no se percataron de su presencia. Al fondo de la calle, se podía ver una máquina con una enorme “boca”, que iba recogiendo basura, escombros y todo lo que tropezase con ella sin distinción. El depósito que tenía la extraña máquina era bastante pequeño, lo que hizo que el ílmansar se plantease esperar a que se llenara y seguirla hasta la base pero, a pesar de que esperó un buen rato, los obreros no se detuvieron y la máquina no dio vuelta, por lo que finalmente perdió la paciencia y optó por seguir el camino por su cuenta.
La ciudad era mucho más densa que ninguna otra que hubiese visto antes. Muchas de las calles eran estrechas y oscuras. Caminó sintiéndose confiando, aprovechando las sombras y los restos para pasar desapercibido, avanzó hasta las manzanas que rodeaban la nave, la observó desde lejos. La zona tenía mucha más gente, guardias, obreros y médicos caminaban por todos lados, parecía más peligroso. Miró con atención, la mayoría de los trabajadores no parecían llevar ningún tipo de identificación que los pudiese distinguir a simple vista, eso podía ser una ventaja. Si no llevaban uniformes no podrían detectar con facilidad que él no era uno de los suyos. Pensó en salir y caminar entre el enemigo con normalidad, entonces, algo le golpeó, y tiraron de él hacia la oscuridad que había a su espalda. No llegó a perder el conocimiento, pero realmente quedó confundido.
Fue arrastrado hasta una habitación iluminada y lo sentaron en una silla, había un grupo de hombres y mujeres, aparentemente desarmados. Estaban en el 2º piso de un edificio medio destruido, desde donde se podía ver perfectamente la nave y los alrededores. Las cortinas, como en los restantes edificios, estaban bajas, pero desde el interior se podía mirar para fuera, aunque no funcionase así al contrario. Narfren se dio cuenta de que, probablemente, le habían estado siguiendo desde el momento en el que entró en la ciudad, había confiado demasiado en la tranquilidad del sitio.
- Por lo que se puede deducir de tu atuendo, eres un soldado de Sein, ¿verdad? – Le dijo una mujer, que mascaba chicle de forma desagradable, mientras se le inclinaba encima.
El ílmansar miró a su alrededor, a demás de la mujer que le interrogaba, había al menos una decena de personas más. Todas vestidas como civiles, se paseaban de una habitación a otra de la casa charlando alegremente.
- Sí, lo soy. Estoy en misión de reconocimiento ¿Con quién se supone que estoy hablando?
- Con la coronel Rose, del ejército de defensa de Hulmanor. Me alegra ver que nuestros aliados se están moviendo. Pero necesito que lleves un mensaje a tus líderes, creo que no san tendido una trampa.
- Ya lo hemos pensado, debieron de crear los campamentos como distracción para luego atacar esta ciudad.
- Nuestras sospechas van mucho más allá de ese tipo de distracción. Como puedes ver, han encerrado a todos los civiles en sus casas y mantienen muchos grupos patrullando y trabajando en el exterior. Pero tan solo unos pocos llevan uniformes, solo los que se mantienen hacia las afueras y controlan a los civiles. A demás, una única nave en ofensiva, un noble y todos sus hombres ¿Qué te sugiere?
- Que la mayoría de los aquí presentes son guardia privada… ¿y este no es un ataque de la AUR, sino una decisión personal e individual de un noble?
- Premio. Por lo que la AUR no le apoyará si le damos muchos problemas. Tenemos que tratar de evitar que Edion lance un ataque contra la ciudad, los civiles ya han tendo bastantes bajas, tienes que hacer que tus líderes contacten directamente con la AUR y no hagan un ataque frontal.
- ¿Realmente crees que la AUR abandonará un punto dentro de Edion con tanta facilidad?
- Tenemos un último as en la manga, para facilitar las cosas. Hemos conseguido una ruta de entrada segura a la nave y obtenido allí información muy valiosa. Esta noche volveremos a entrar, quédate hasta entonces y te llevarás el detonante que hará que la AUR abandone a su aliado.
Entre tanto, el tiempo pasaba en la nave. Los heridos despertaban y dormían de forma intermitente y Melissa, en guardia, estaba cada vez más inquieta y aburrida. Miraba al horizonte, por la ventana, pensando en el combate del día anterior, cuando vio algo de movimiento y escuchó un vehículo detenerse, corrió hacia las armas y se escondió tras un sillón.
Empezó a ponerse nerviosa, aunque sabía que el enemigo no sería suficiente para vencerle, pero estaba sola y tenía que proteger a sus compañeros y eso la aterraba. Escuchó pasos que salían del vehículo y paseaban por el patio trasero, por la zona donde ellos habían aparcado su coche. Entonces se dividieron, al menos uno de ellos se dirigió directo a la granja en la que se escondían. Melissa tomó con fuerza la escopeta y apuntó hacia la puerta. Las bisagras apenas hicieron ruido, la puerta se fue abriendo lentamente y una pistola asomó primero, ella estaba preparada, pero apuntaba hacia el lugar donde debería estar la cabeza, no le importaban las manos del enemigo. Poco a poco, el intruso fue colándose por el pequeño espacio abierto que había conseguido sin necesidad de hacer ruido con la puerta, Melissa apuntó y… reaccionó a tiempo.
-¡Nolai! –Dijo – ¡Menos mal…! Hemos tenido algún problema por aquí, pero no hacía falta que vinieses en persona.-Se Corrigió de repente mientras bajaba el tono.
-Hemos visto vuestro coche fuera. ¿Dónde están los demás? – Dijo el líder del grupo haciéndole señas a los de fuera para que se acercasen.

Permalink Dejar un comentario

Una historia más 3-3

marzo 11, 2010 at 2:37 pm (Una historia más)

Entraron en la habitación, se trataba de una sala de mandos, paneles repletos de botones y pantallas rebosantes de datos se extendían todo a lo largo de la cristalera. Zeod entró de último, agarrando con la mano derecha su arma enfundada y cubriéndose tras la espalda de Nahenia. Nadie se dio cuenta.
-¿Qué vamos a hacer aquí?-Preguntó, pero Melissa no le escuchó, se acercó a los paneles y comenzó a toquetear los botones. En pocos segundos, la pared del fondo de la gran nave sobre la que ambas habitaciones y pasarela estaban sostenidas se comenzó a abrir de abajo hacia arriba.
Los científicos de abajo miraron a la sala de mandos y los vieron, esperaron expectantes. En lugar de esforzarse en evitar que los planes de los invasores no se cumpliesen, comenzaron a repasar frenéticamente los estados de sus conejillos de indias. De la ranura que se iba abriendo en la pared comenzó a salir luz, una luz rosada; el aire de la sala se turbó y los sujetos de experimentación empezaron a agitarse, los científicos apenas daban a controlarlos, estaban sufriendo y luchaban por liberarse, aquello les quemaba. Zeod desenfundó su arma.

-Vosotros la subestimasteis – Dijo Ízan en tono de reproche -, pensasteis que solo podía leer y la retasteis, pusisteis a prueba sus capacidades y luego, ante vuestra incompetencia e incapacidad, la capturasteis y encerrasteis. ¿Cuánto más ibais a esperar antes de tomar una auténtica decisión?
El N’org en la otra punta de la mesa enturbió su rostro y contestó cortante.
-No podemos tomar una decisión. Dul Ketzan sigue sin leer, continua cautivo en la mente de aquella criatura que ella creó. Efectivamente la habíamos subestimado, su percepción y control sobre la realidad es inimaginable incluso para nosotros, quienes sabemos lo que hay que hacer, pero no tenemos autoridad para ordenar su destrucción. Debemos encerrarla y restringirle absolutamente el acceso a cualquier fuente de Xenos, mientras nuestro líder no recobre el sentido.
- Pensabais que podíais leer y manipular la mente de todo aquel que se presentase ante vosotros, que teníais el control absoluto. Ella creó una mente que quizás jamás podáis sondear y os atrapó. Puede que Dul Ketzan nunca consiga huir de su trance, nunca encuentre el fin del enorme vacío en el que ha entrado, o simplemente acabe siendo dominado por la creación de Annya. Si ahora recibierais un golpe…
-NO lo recibiremos.-Dijo el N’org levantándose.- Porque aunque si hemos perdido nuestro poder mayor de decisión, aun tenemos la autoridad de recordarte quién eres, de degradarte y sustituirte.
Ízan comenzó a perder el control de si mismo, su cara comenzó a cambiar, sus rasgos humanos desaparecieron lentamente y se transformaron, sus manos empezaron a parecer garras y su piel se volvió escamosa…
-Tú eras solo nuestra herramienta en Sein, nuestro control, ¡Nosotros te pusimos allí! Ahora, con el mismo poder y derecho con el que te pusimos…

De golpe un temblor interrumpió ambas escenas, el suelo se agitó bruscamente, la textura del aire cambió e incluso la presión atmosférica parecía diferente.
El motor que abría la compuerta en la pared se detuvo. Melissa miró hacia el techo, pensativa, como si tratase de escuchar o sentir algo, entonces salió de la habitación corriendo.
-Venid, esto es malo.
Zeod enfundó de nuevo el arma, nadie le había visto. Se unió a sus compañeros y corrieron hacia la superficie, el caos que dejaron atrás en el laboratorio era enorme. Todavía no habían llegado a la superficie cuando recibieron una llamada de radio. Narfren respondió.
-Aquí Nolai, ¿os encontráis todos bien?
-Afirmativo, hemos sentido un gran temblor y parece que se haya cortado el suministro de energía, estamos corriendo al exterior.
-Bien, ha salido Ízan de la sala por un momento, parecía un poco turbio pero dijo que tenía la situación controlada ahí dentro.
-Me alegra oírlo, ¿queda mucho por ahí? Aquí las cosas están un poco extrañas.- Melissa hizo como que no había escuchado esta afirmación, mientras se ajustaba el casco con cuidado.
-No te alegres antes de tiempo, no sabemos cuánto le queda ahí dentro a Ízan pero tenemos órdenes para vosotros. Debéis tomar ambos 4×4 y corred hacia Hulmanor.
-¿Esa no es la ciudad más cercana a Sein? Debería estar como a 100km al noroeste de aquí.
-Sí, probablemente la vibración que sentimos provenga de allí. Debéis ir, comprobar lo que ha pasado y ayudar en lo que podáis si es necesario. En caso de que la radio no funcione, uno de vosotros debe estar de vuelta aquí mañana con la información pertinente.

Tardaron más de lo que esperaban en llegar a su destino. La situación de la carretera era muy similar a la que habían utilizado para llegar a Ízdgazen, pero se vieron obligados a utilizar muchos más caminos secundarios, perdiéndose varias veces en el trayecto. Una vez se encaminaron correctamente y según se fueron acercando a Hulmanor, el terreno comenzó a cambiar, de forma similar a como lo hacía en las proximidades de Sein; pero este no era un desierto tan claro, la planicie que rodeaba esta ciudad estaba poblada por un ecosistema autóctono muy fructífero. Parecía que el desierto hubiese perdido la guerra contra la vida en aquel lugar, aun con la aparente infertilidad del suelo y la escasez de agua, se levantaban en él bosques de enormes espinos, plantas de colores llamativos y aspecto peligroso y se podían ver, en medio de la maleza, cantidad de animales en movimiento.
De nuevo el cambio sorprendió a los miembros de Ceres, que parecían ir asumiendo que su territorio era el menos propicio para la vida de todas las ciudades que les rodeaban. Pero no iba a ser el panorama más impactante que verían ese día. Coincidiendo con el atardecer, llegaron a su destino. A lo lejos, ante ellos, se dibujaba una enorme ciudad, bastante más grande que Sein, destruida y siendo pasto de las llamas. El gran muro que la fortificaba, yacía destruido en varios lugares, el interior mostraba enormes cráteres y tan solo las granjas y la población externa al muro parecían haber salido relativamente bien parados.
En el centro de la ciudad se había estrellado una inmensa nave-cuartel, de las que pertenecían a algún noble de la AUR o FNO.
Eran muy malas noticias, se acercaron rápidamente a la población circundante y escondieron allí el coche para tratar de llegar a las cercanías del muro sin ser descubiertos. No había nadie en las granjas, a pesar de que estas estaban aparentemente intactas. Desenfundaron sus armas y echaron a caminar.
-Bueno, supongo que todos sabéis utilizar vuestras armas.-Dijo Zeod- Narfern, tu mantente en el medio para poder llegar rápidamente y apoyar si nos hieren a alguno. Melissa, ¿tú puedes luchar?
-Se defenderme mejor que cualquiera de vosotros. Tengo más experiencia en el campo que vosotros, conmigo aquí cualquier combate está ganado.
-Mocosa engreída –Se alteró Nahenia- , cómo se nota que no sabes con quién estás hablando. Espero que no llores cuando tenga que salvarte.
-Bueno ya está bien chicas. Mel, si eres buena luchadora, cubre mi espalda y Nahenia, vigila la retaguardia. Avancemos con cuidado hacia el muro a ver con qué nos encontramos.
Apenas consiguieron llegar a mitad del camino sin ser desubiertos. Ante ellos, se apareció un ser de complexión humana y apariencia de mujer pero no humana. De su espalda partían dos estructuras óseas en forma de alas, una de ellas había sido destruida, probablemente, en el combate; dos grandes cuernos decoraban su frente y por todo el cuerpo se asomaban huesos con forma de púas y afiladas garras. Todo el cuerpo mostraba una perfecta simetría, que remataba con una armadura y un atuendo de colores vivos, era una criatura repugnantemente bella.
Llegó volando sin necesidad de mover sus alas (Que a simple vista demostraban no ser útiles) y se mantuvo a dos palmos del suelo, quieta, mirando hacia los miembros de Ceres. Estos bajaron las armas.
- Por vuestros trajes, debéis de ser soldados de Sein.
- Lo somos. ¿Qué ha pasado aquí?
- Hemos tomado la ciudad, la fuerza ofensiva que poseían era muy superior a lo que habríamos imaginado. Tan solo mira nuestra nave destrozada sobre los restos de las pobres estructuras de esta pocilga, era algo impensable, pero hace pensar que mereció la pena el ataque.
- Tu… eres un trender, ¿no?¿por qué habéis hecho esto?¿En nombre de quién habéis tomado la ciudad?¿No somos enemigos?
- Ohhh, parece que no sabes nada y, si no lo sabes, entonces no habrá problema. Disculpa mi rudeza, no me gusta el uniforme militar de la FNO y si, somos enemigos, pero quiero usarte de mensajero. Así pues, felicita a tus amigos por su buena defensa y hablales de lo mucho que nos ha impresionado que derribasen nuestra nave…¡Todo eso en cuanto vuestras almas se encuentren!
En ese instante, la trender se abalanzó hacia delante y arremetió contra Zeod, haciendo que el brazal de su armadura se convirtiese en una larga cuchila y lanzándose directamente con él contra su adversario.
Zeod consiguió de alguna manera desviar el golpe interponiendo entre ellos su mp5, pero esta saltó por los aires por el impulso. Zeod se lamentó de no haber empezado con el mandoble en las manos, pero era tarde, ella le lanzó una segunda estocada, no había forma esquivarla. Algo golpeó a la trender y la empujó, desviándola en su carrera. Ella se giró aturdida y buscó a un atacante que no existía, solo vio a Nahenia, mirándola desafiante y enfadada.
La situación pareció cambiar de golpe, la trender ignoró a Zeod a partir de ese momento y volcó por completo su atención en Nahenia. Esta se elevó dos palmos del suelo y se puso a la altura de su contrincante. Los miembros de Ceres no dijeron nada, pero el homo-linx aprovechó el momento de confusión para tomar su espada. La presión que ejercía el xenos en la zona comenzó a aumentar.
-Vaya vaya –Dijo la desconocida-, nunca había tenido la oportunidad de luchar directamente contra un espectro. Y yo que pensaba que solo tendría que acabar con un par de humanos… pero no te crezcas, yo soy aquí quien tiene el derecho y el poder para mirar desde encima a los demás y creo que mis límites escapan a tu comprensión.
Nahenia no dijo nada, solo se movió levemente en el aire. Nadie pudo ver el golpe, aunque sintieron el aire desprendido por la fuerza del golpe al pasar. Nahenia impactó con uno de sus brazos invisibles en el pecho de la trender, se oyeron varios crujidos, la armadura se rajo y el enemigo sintió como se le rompían varias costillas. Trató de disimular el dolor, no quería mostrar debilidad frente a seres inferiores, no quería ver su orgullo más pisoteado, montó en cólera pero sonrió y luego, estalló en unas dolorosas carcajadas.
-Lo que me faltaba por ver hoy, un grupo de reconocimiento haciéndome frente a mí, Elenne e hiriéndome.
Un segundo impacto le alcanzó un costado nada más terminar la frase, pero el tercero no tuvo tanta suerte, ella lo detuvo con la cuchilla que antes había fabricado. Las lágrimas comenzaron a bajar por su rostro.
-Esto no va a ser divertido para ninguna de las dos, espectro.- dijo y alzó una mano hacia delante, el aire comenzó a tornarse húmedo alrededor de Nahenia y entonces, la trender chascó los dedos y varias chispas saltaron al lado de la cara de su objetivo. El aire comenzó a arder y el fuego se extendió todo alrededor de Nahenia, ella gritó. Al respirar, el fuego entraba en su interior; su piel se reblandecía rápidamente con la humedad del aire y el fuego penetraba en ella a través de sus poros. Nahenia cayó al suelo y trató de roda, gritando, agónica y Narfren se apuró a ayudarla. Del árido suelo surgió un mullido césped que la rodeó y comenzó a absorber el fuego, muriendo también a medida que lo apagaba.
-Je,¡ SOLO ESTOY EMPEZANDO CONTIGO!-gritó, pero se detuvo a esquivar una estocada que Zeod le enviaba desde la espalda. Giró hábilmente sobre si misma y atravesó al homo-linx con el arma improvisada en el que antes había convertido su brazal. Lo lanzó al suelo y sonrió de nuevo, aun con la cara empapada en lágrimas.
-¡Basta! – Dijo entonces Melissa y comenzó a cambiar. Su traje estalló y de su espalda surgieron alas idénticas a las de su contrincante, pero ambas enteras. Comenzó a elevarse, subió un poco más que la trender y comple´to la transformación. Parecían dos hermanas una frente a la otra. De nuevo, melissa se retiró el casco y miró directamente a su adversario a los ojos.
-¿Qué eres? Tú no eres un trender. ¿Cómo te atreves a tomar esa forma?¿Eres un cimnos, un asqueroso planario? Pagarás por esta ofensa.
-Soy superior a ti, este combate lo has perdido en el momento que te cruzaste en nuestro camino y has cometido el peor de tus errores al plantar cara a mis compañeros.
La trender no dijo nada, sonrió, alzó la mano y Melissa notó la humedad en el aire que le rodeaba, ella aun no sabía lo peligroso que era aquello. Pero la treder no terminó el ataque, Narfren había comenzado a robar la energía del xenos que ella había utilizado, estaba recobrando la salud de su amiga a partir de la de ella misma… chascó los dedos y el aire alrededor de Melissa comenzó a arder, se giró hacia Narfres y volvió a chiscar, entonces un nuevo golpe de furza le alcanzó yesta vez la derribó. Nahenia se lanzó sobre Melissa y la cubrió, el fuego desapareció antes de que esta resultase herida, pero la espectro estaba real mente malherida.
Elenne se levantó del suelo, la armadura tenía ahora un pequeño agujero en el lugar del primer impacto y donde, previsiblemente, había golpeado el cuarto. Lanzó al aire una serie de maldiciones y se concentró, el suelo comenzó a arder detrás de ella y rápidamente avanzó. Paso por ambos lados de la conjuradora evitándola y se abalanzó sobre los soldados de Sein.
- Te dije que era superior a ti.- dijo Melissa concentrándose ycreando un muro transparente entre sus compañeros y las llamas. Según el fuego llegaba al muro y lo tocaba, se convertí ane agua que empapaba el suelo. Narfren abrió fuego a través de él con su pistola del 45.
La trender aceptó resignada la mordedura de las balas que apenas lograron atravesar su armadura. Permanecía concentrada y entonces, lo dejó escapar. Todo el fuego de su alrededor se fue juntando hacia delante, lanzándose hacia sus enemigos, según avanzaba, recogía las llamas con las que iba tropezando y crecía hasta que una gran ola de fuego alcanzó el muro, este tembló y convirtió en agua las primeras llamas, pero cedió a las siguientes. El fuego se abalanzó sobre los cuatro miembros de Ceres y entonces desapareció. Melissa, quien volvía a estar a dos palmos del suelo no pudo mantenerse y calló, volvió a su forma normal. Nahenina no pudo resistir el dolor y tras emitir un gemido ronco, calló inconsciente.
Narfren sintió como la energía que les rodeaba iba disminuyendo, Melissa miraba sus manos, impotente, no podía usar sus poderes, miró a su enemigo. La trender calló de rodillas, todas sus heridas se abrieron de golpe, echó las manos al estómago y se derrumbó.

Permalink Dejar un comentario

Una historia más 3-2

marzo 8, 2010 at 3:58 pm (Una historia más)

Tan solo unos días después de la reintegración de Ceres al trabajo, la secretaria de Ízan recibió de nuevo a aquel extraño viejo encapuchado. Ízan le saludó de muy buenas maneras y le invitó a pasar cerrando la puerta tras de si.
-Esta no es una visita como la de la última vez, Ízan. Nos has atacado. Sein ha atacado Ízdgazen.- Dijoel planario en tono amenazador.
- No creo que sea para tanto, todos cometemos errores. Tranquilízate y tratemos de llegar a un punto en común. Verás….
-No hay nada que puedas explicar que no sepamos ya. El soldado ha sido ajusticiado, igual que lo serás tú. Tus acciones fueron previsibles, ya lo sabíamos. Mis ordenes son claras, no he venido a aquí para hablar.
Tras escuchar estas palabras, Ízan echó mano a su mesa, lentamente la recorrió por debajo buscando el cajón, lo abrió de forma rápida y trató de coger el arma que allí escondía, pero no le dio tiempo. La pesada mesa salió por los aires de un leve empujón del schatten que, acto seguido tomó al político del cuello y lo levantó del suelo, acercándolo a la cristalera.
-Conoce tu lugar, Ízan, recuerda quién eres tu y quién soy yo.
En aquel mismo instante, la pruerta se abrió de golpe y el schatten se giró sorprendido, el arma de fuego del miembro de seguridad disparó sin dudar contra la inmensa masa de sombras y destrozó el cristal. El ser trastabilló hacia atrás, pero consiguió mantener el equilibrio. Ízan clavó el abrecartas con forma de espada que hábilmente había retirado del bolsillo de su camisa en la mano del schatten y lo pateó mientras se precipitaba contra el suelo. El guardia de seguridad disparó de nuevo al ver a su jefe liberado de aquel monstuo y el visitante saltó al exterior del edificio. Ambos pudieron ver cómo se fundía con las sombras y desaparecía antes de llegar al suelo, seguía vivo.
Al día siguiente los rumores habían llegado a “la cueva” y no era sorprendente el hecho de que fuesen el tema principal del debate del día. En tan poco tiempo, Melissa ya se había acostumbrado bastante bien a la vida en Ceres y asistía como los demás a estas reuniones, aunque no participaba de forma demasiado activa. Así pues, todo el equipo se encontraba reunido cuando Ízan bajó las escaleras del lugar.
-Realmente no es difícil encontraros. – Dijo sonriendo al ver al grupo entero sentado en una mesa del local.- Aunque creo que yo tengo algo de mejor gusto para los locales, ¿no, Nolai?
La bienvenida fue un poco extraña. Todos se levantaron sin tener claro qué hacer, saludaron aunque no como lo hubiesen hecho en el cuartel y le invitaron a tomar asiento. Así lo hizo.
-Bueno, supongo que ya habréis oído sobre el incidente de ayer. No se hasta donde llega la información o la veracidad de los rumores, pero ayer fui atacado. Actualmente mi seguridad pasa por un momento precario y necesitaría gente de mano en la que supiese que puedo confiar. Me gustaría que os convirtieseis, por un tiempo, en mi guardia personal. Un poco es mi forma de agradeceros las molestias que os habéis tomado últimamente y, por otro lado, quiero demostrar mi confianza en vosotros y contar con vuestro grupo para los eventos que se avecinan. Temo que la situación esté un poco tensa en Edion.
- Se nota que eres una persona ocupada, vas directo al grano. -Respondió Nolai – Pero me gustaría tener un momento de privacidad con mis compañeros antes de responder. No es una decisión que pueda tomar en su nombre.
- Lo se y contaba con ello. Disculpa mi falta de discreción,es costumbre de querer solucionar los problemas cuanto antes. Pero yo no tengo prisa, dejadme entonces disfrutar un rato con vosotros de este cuchitril y, si os parece bien, ya me responderéis mañana.
Negarse a la petición de Ízan no parecía una opción. No era un mal puesto, parecía un ascenso real en la escala y no conllevaba mucho riesgo. A demás, estar cerca de los manda mases siempre ayuda a seguir subiendo; con un leve aumento de sueldo todos cambiaron de puesto voluntariamente.
Una vez solucionada toda la burocracia, pasaron a ser parte de la sombra del político. Casi siempre, su trabajo se limitaba a esperar en la recepción de su oficina charlando entre ellos o acompañarlo a alguna reunión y quedarse en la puerta de la sala/edificio al que les hubiese arrastrado en esa ocasión. Se les trataba bien y no se les exigía nada, el trabajo perfecto para más de uno. Pero la tranquilidad duró para para consuelo de los más inquietos.
Apenas una semana después de que Ceres tomase el cargo de guardia personal, Ízan anunció que tendría una reunión diplomática con los líderes de Ízdgazen. Él, junto con todos los miembros de Ceres pasarían, al menos, un día y una noche en la ciudad planaria.
Todo ourrió según lo previsto. Organizaron el viaje y a la mañana siguiente estaban listos para partir. Utilizarían esta vez dos 4×4 y un gran coche de lujo para llegar a Ízdgazen, pero antes de distriuirse, ízan les advirtió.
-Este viaje no es tal y cómo está anunciado. Estoy viajándo a la ciudad planaria como preso y bajo vigilancia, y así me han de tratar. No hagáis nada hasta que yo no indique lo contrario, no queremos comenzar una guerra ni ser acribillados en su ciudad.
Las palabras no dejaron indiferente a nadie, pero en seguida los organizó entre los diferentes vehículos, sabiendo bien que no le convenía que Ceres pusiera sus ideas en común.
No hubo en la compañía nadie que no disfrutase del viaje. Después de la desértica planicie que rodeaba Sein, llegaron a una zona boscosa que se iba haciendo más y más densa conforme se acercaban a su destino. Era un paisaje realmente impresionante para ojos poco acostumbrados al verde, Narfren tubo que hacer un esfuerzo titánico por no saltar del vehículo en marcha.
Cuando llegaron al lugar, no fueron recibidos con honores. Ízan fue arrancado de su asiento por dos moles sombrías y todos fueron conducidos hacia la estructura que hacía las funciones de ayuntamiento. Toda la ciudad se reducía a un pequeño fuerte, con apenas 50 edificios, lo que dejaba presuponer a los miembros de Ceres que la mayoría del espacio utilizado se mantenía bajo tierra, no se equivocaban. El tránsito en la superficie era mínimo, apenas unos cuantos guardias e individuos no planarios paseaban por las calles que separaban los monstruosos edificios negros. Eria y Zeod ya conocían el lugar, fueron los únicos a los que no invadió el miedo, quizás porque ya habían burlado esas defensas una vez, quizás porque estaban demasiado ocupados pensando lo que podría ocurrir si les obligaban a retirarse el casco.
Entraron en el edificio, cruzaron un enorme hall y bajaron las pequeñas escaleras que conducían a una desmesurada sala de reuniones. Al llegar a las puertas dobles que la protegían, Ízan se dirigió a su guardia.
-Eria, Nolai y Rob quedaros aquí fuera, los demás no hace falta que estéis también de guardia, salid y tomaros un rato libre por el lugar, inspeccionarlo y estudiadlo.
Todos asintieron, los 2 schatten que dirigían a Ízan hicieron caso omiso a las instrucciones que este dió a sus subordinados y lo introdujeron por la fuerza en la sala. Las robustas puertas de madera se cerraron tras ellos. El equipo Ceres se quedó en silencio unos segundos, inspeccionó el lugar, las puertas de madera chocaban con la piedra negra y el metal que constituían el resto del edificio. Nolai consiguió romper la tensión y hablar a sus compañeros.
-Salid ya, os haremos saber si ocurre algo.- Dijo mientras apoyaba la espalda contra la pared de la sala y el grupo se dividió.

Ízan juntó todo su orgullo ante los nueve individuos que le esperaban sentados alrededor de una gran mesa, se estiró mientras entraba y los miró desde arriba, seguro de si mismo. Tras saludar protocolariamente y cómo si nada hubiese ocurrido, tomó asiento en la cabecera más cercana a la salida.
-Bueno, supongo que tenemos asuntos que tratar, señores. ¿Por qué tanta urgencia por traerme a aquí y de tan malas formas?
Ante él, en la cabecera, se encotnraba un N’org, sus ocho acompañantes se distribuían simétricamente a ambos lados de la mesa, ocupando las posiciones más cercanas a su lider. Los dos Schatten se mantenían en pie, cuidando la puerta y en la mesa no tenían ningún representante de su raza, siendo estos los únicos excluidos de la reunión. El N’org respondió a la provocación de Ízan.
-Estamos ciegos, ciegos y sordos, lo único que podemos hacer es tomar por la fuerza lo que creemos es una amenaza. Aquí podemos palpar y estudiar, aun privados de nuestros principales sentidos y nuestra fuerza, no vamos a quedarnos quietos.
-Ella es peligrosa – Interrumpió un Suiras sentado a la derecha del N’org- sea lo que sea lo que pretendas, no debes utilizarla. Ella fue demasiado para nosotros, tu no tienes ninguna posibilidad. Devuelvenosla.
Ízan sonrió y miró a sus interlocutores de forma desafiante. Los planarios habían empezado a comprender, sentían el miedo, pero aun no habían llegado a ver la mitad del problema en el que se habían sumido.

Melissa se detuvo de golpe, miró hacia su izquierda, hacia una pequeña entrada a un subterráneo, aparentemente rehabilitada a partir de una antigua boca de metro. El resto se detuvieron poco más a delante y miraron para ella, esperando algún tipo de explicación.
-Venid conmigo, debéis ver esto. -dijo ella mientras se desviaba.
Todos sabían que ella había estado allí anteriormente, todos aceptaban que ella no era un simple miembro de Ceres, nadie desconocía el hecho de que ella sabía más de todo aquello que nadie en la ciudad; por ello la siguieron.
Las escaleras bajaban y conducían por un estrecho pasillo sin luz, pero Melissa caminaba a buen ritmo y sin dudar. Los demás la seguían a tientas y ella avanzaba sin reparar en sus dificultades. Tras apenas un par de minutos de descenso y estrechamiento, el pasillo terminaba en una puerta metálica, tras la que se podían escuchar ruidos eléctricos, como si se tratase de una sala de generadores. En ese punto, el pasillo tenía apenas el ancho suficiente para que dos personas se cruzasen y Nahenia casi tuvo que hacer malabarismos para poder cargar contra la puerta.
La sensación general era de que se estaban poniendo una soga al cuello, pero nadie hablaba, nadie decía nada, algo les conducía a seguir a Melissa sin preguntas. La puerta rebentó de un golpe hacia atrás y golpeó la pared al segundo golpe de Nahenia. Ella se precipitó para dentro de la habitación con el impulso, se trataba de una sala alargada, toda la pared izquierda era una cristalera y al final había una puerta entreabierta que llevaba a una pasarela metálica. Los demás entraron de golpe siguiendo a su compañera y miraron a través del cristal, viendose sorprendidos, uno tras otro, por el extraño panorama que allí les había estado esperando.
Desde la habitación, suspendida en el aire, se podía ver un fondo de laboratorio, lleno de sujetos de experimentación. Entre ellos, un par de científicos se paseaban controlando y, al fijarse en la diferencia de tamaños, se dieron cuenta de que los sujetos con los que trabajaban eran, muy probablemente todos niños o adolescentes. Cuando quisieron darse cuenta, Melissa ya estaba saliendo por la puerta opuesta.
-Deberíamos dar la vuelta antes de que sepan que estamos aquí.- dijo Narfren rápidamente.
-Si, si quiere matarse que lo haga sola- Apoyó Nahenia.
Pero hablaban solos, Zeod ya había seguido los pasos de la pequeña. Ambos se miraron y encogieron los hombros, después de todo no tendrían escusa si les pasaba algo a sus compañeros.
Salieron y caminaron por la ruidosa pasarela mecánica, que cruzaba el laboratorio por las alturas y en perpendicular, conduciendo a los visitantes hacia una nueva habitación cerrada, simétrica a aquella en la que acababan de estar. Los científicos parecieron no darse cuenta de su presencia, probablemente, el ruedo eléctrico que inundaba la sala era mucho más fuerte abajo, pues las pisadas metálicas eran difícilmente camuflables.
Al otro lado del puente, Zeod intentaba forzar la puerta ante la atenta supervisión de Melissa. Nahenia suspiró y se unió a la carga, entre los dos, arrancaron la puerta hacia fura y la apoyaron en el extremo de la pasarela.
Melissa se había quitado el casco y slgunos de los sujetos entubados abajo la habían visto y reconocido, ella lo sabía, los miraba colgada desde la barandilla; cuando rompió la puerta, Melissa sonrio, como si la niña estuviese apunto de arrancarle las alas a su recién adquirida mosca. Sus compañeros dejaron de preocuparse de los planarios, empezaban a tenerle miedo a ella. Zeod decidió tener mano a su arma.

Permalink Dejar un comentario

una historia más 3-1

septiembre 13, 2009 at 4:54 pm (Una historia más)

La mañana siguiente no fue fácil para nadie. Ízan miraba por la cristalera de su despacho, buscando cualquier señal que le pudiese informar sobre cómo estaban las cosas en la escena del crimen, pero su lugar de trabajo no estaba orientado hacia la zona de la cueva, por lo que bajó personalmente a ver lo que ocurría. Al llegar allí, se encontró el lugar acordonado, fuera del recinto reconoció a algún miembro de Ceres y dentro vio a Nolai, quien quiso disimular el haberle visto. Ambos prefirieron ignorarse durante unos minutos, hasta que finalmente Nolai reunió el valor suficiente.
-Es un detalle por su parte haber venido.
-No todos los días asesinan a un militar, es lo menos que puedo hacer.
-No solo han asesinado a un militar, sino que le han clavado una espada por la espalda y sin un móvil aparente. No debería ser tan fácil contra alguien entrenado ¿no cree Ízan?
-La verdad es que es bastante extraño, pero aceptamos a mucha gente de fuera, me pregunto si estará relacionado con la avanzada AUR que destruimos hace unos días. Le pediré a Uhon que abra una investigación.
-¿Crees que podríamos tener más infiltrados?¿Corremos peligro los miembros de Ceres o… podría estar relacionado con la misión en solitario que le encargasteis?
-Se supone que nadie debería saber nada de eso.
-Soy su superior y responsable, tiene que informarme y justificar sus ausencias.
-Cierto pero, en todo caso, no creo que una represalia por su última misión se quedase solo en un burdo asesinado. Os pondré a todos en protección durante una semana, daros unas vacaciones. Cuando volváis, asignaré a Ceres a un miembro élite de nuestras fuerzas, será un símbolo evidente de vuestro crecimiento y aportará mucho a vuestro equipo, a demás de la seguridad extra que os dará tenerlo cerca. Seguro que no os decepciona, entre tanto, voy a hablar con Uhon . Descansad. – Y diciendo esto Ízan partió hacia el ayuntamiento.
-A ver si es verdad que no nos decepciona, estábamos bastante bien con Daren – Refunfuñó Nolai en voz baja.
Aquella semana pasó más rápido para unos que para otros. Si bien es cierto que todos tenían asignado a algún guardaespaldas, la impresión general era más de estar vigilado que protegido. Durante esa semana no hubo quedadas de Ceres, La Cueva permaneció vacía por desgracia para su dueño y el equipo no se volvió a juntar hasta la reunión en la que recibirían al nuevo miembro en el cuartel.
No hubo saludos entusiastas cuando se volvieron a ver en aquella sala de juntas donde les habían asignado su última misión. Los ánimos estaban minados y no sabían bien lo que iba a seguir ocurriendo con ellos, los pocos comentarios que pudieron oírse se cortaron de golpe cuando el entrenador militar entró por la puerta con una joven adolescente. Se trataba de una chavala de raza por determinar y apariencia humana, de unos 16 años, delgada, de pelo liso y rojizo cortado a la altura de los hombros y cuyos ojos estaban cubiertos por una extraña venda. Zeod y Eria palidecieron.
-Hola, Nolai, chicos de Ceres, espero que esta semana de descanso os haya dado fuerzas. Parece que no se ha encontrado ninguna irregularidad que haga sospechar que estéis en ningún tipo de peligro. Así pues, si no hay ningún inconveniente procedo a certificar vuestra vuelta al trabajo a partir de este mismo momento.
-De acuerdo.-Contestó Nolai.
-Bien, esta es Melissa, ella será vuestra nueva compañera en Ceres. Pese a su apariencia es uno de los mejores soldados de los que disponemos. Vuestro deber será cuidarla como uno de vuestros miembros y asegurar su crecimiento como persona y soldado.

Nolai sonrió con incredulidad, mientras los demás inundaban la habitación en un mar de susurros y especulaciones sobre su nueva niña ciega.
-Para terminar, vuestra siguiente misión empezará mañana. Queremos que todo el equipo, con la recién incorporada Melissa, paséis unas pruebas de capacidad para comprobar vuestra efectividad y validez como grupo de apoyo en caso de que exista la necesidad de realizar un asalto o defendernos de un ataque inminente. Las pruebas comenzarán a las 8:00 en el pabellón de entrenamiento, quiero que todos os presentéis en los vestuarios a las 7:00 más tardar.
-De acuerdo, señor.
-Muy bien, nos vemos mañana entonces, presentaos a vuestra nueva compañera. Adios.
Y el entrenador se fue dejando la puerta abierta tras de si. El silencio inundó la habitación durante unos instantes, hasta que Rob se decidió a decir algo.
-Bueno, será mejor que le enseñemos a nuestra pequeña y nueva amiga nuestra base de operaciones, tengo ganas de tomarme una Muzho de las de la cueva.
Dejando a un lado las caras de asco que generó el comentario, el grupo estuvo de acuerdo en tratar de intimar un poco más con la jovencita y llevarla al que debía de convertirse en su tercer hogar. Narfren se acercó a Melissa y trató de sujetarle el brazo.
-¿Me permites ayudarte?
-Tranquilo, puedo sola.- Dijo esta zafándose ágilmente del ïlmansar y cruzando la puerta en cabeza.
Caminaron hasta el local examinando cada uno de los movimientos de la chica, que hábilmente se había colocado en medio del grupo y caminaba aparentemente sin ninguna dificultad. Bajaron las escaleras de La Cueva, saludaron al camarero, que los recibió con una enorme sonrisa y ocuparon su mesa de siempre.
- Y cuéntanos Melissa –Dijo Nolai – ¿Cómo es que entraste tan joven en las fuerzas de Sein?
- Tengo un don, puedo sentir la realidad que me rodea como es en verdad. No dependo de mis sentidos, no hay paredes para mí. Es algo que aquí valoran mucho.
De nuevo el incómodo silencio ocupó la sala, de pronto solo se podía oír cómo el camarero preparaba las bebidas. Todos sabían lo que eso podía significar, la sospecha de que Melissa fuese un trender cubrió de miedo a todos sus compañeros.
- Hace poco perdisteis a un compañero, ¿verdad? Y ahora me ponen a vuestro cargo, es un poco raro para un grupo secundario como Ceres, ¿no creéis?
- Bueno, ya sabes cómo se suele decir, no hay tarea poco importante. Aquí tenemos a gente muy preparada, tú solo serás un miembro más del grupo, te sorprenderán tus nuevos compañeros. – Respondió Nolai.
- Je, esta niñata que cree que nos va a enseñar cómo funcionan las cosas ahora. – Se picó Nahenia a pesar de la rápida intervención de su líder.
- Tranquila, no lo decía con mala intención –Dijo Melissa sonriéndole- simplemente es extraño y me cuesta ver a qué estarán enfocadas mis tareas con vosotros. ¿Qué le ocurrió a vuestro amigo?
- Él protegió a uno de sus amigos y fue enviado a una misión suicida en recompensa por ayudar a su ciudad. Se deshicieron de él por algún motivo. No tenían que haberle enviado a esa extraña misión.- Saltó Zeod mientras se levantaba y golpeaba la mesa con ambas manos, claramente emocionado.
- Tranquilo Zeod, deja de especular.-Le quiso tranquilizar Nolai- Todavía no se sabe que ocurrió, fue asesinado dentro de los muros de la ciudad y no hay ningún testigo ni móvil aparente. Pero tarde o temprano aparecerá el culpable, estoy seguro.
- Puedes estarlo – Contestó Zeod en todo amenazador.
Despues de la tensa conversación, la reunión duró bastante poco, en menos de media hora Melissa había optado por marcharse y dejar que se calmase el caldeado ambiente. No se lo estaba poniendo nada fácil a su nuevo equipo.
Cuando estuvo segura de que Melissa se había marchado, Eria interrumpió a los demás. Miró primero a Zeod, quien se mantenía ausente, reflexionando, y comenzó a hablar.
-Chicos, creo que el asesino de Daren no fue un cualquiera.
-¿En qué te basas, Eria? Es cierto qué es una muerte extraña, pero no tenemos a donde señalar y Uhon ya ha abierto una investigación oficial.- Señaló Nolai.
-Uhon no va a encontrar nada, el asesino nunca va a aparecer, porque ellos ya saben quién ha sido, pero no quieren decirlo.
-¿En qué basas semejantes acusaciones? Lo último que nos hace falta ahora es dividirnos.- Nolai rió de forma cínica.
-Estoy bastante segura, de que Melissa es la chica que Daren rescató en su misión.

Permalink 2 comentarios

una historia más 2-3

mayo 5, 2009 at 4:57 pm (Una historia más)


Pude escuchar un estruendo en el exterior y sentí como la cristalera que cubría todo el pasillo estallaba en mil pedazos sobre nosotros, el arma del schatten se elevó, perdiendo la amenazante trayectoria que llevaba, alcancé a ver como la criatura se precipitaba contra la base de la pared a mi izquierda. Perdí el equilibrio y terminé indefenso, sentado bajo una lluvia de cristales que poco podían hacer contra mi traje y, en medio de aquella situación, una silueta calló frente a mí y el arma del schatten, un momento atrás parte del cuerpo de la criatura, rebotó en el pasillo lejos de su dueño. La criatura emitió un último quejido lastimero y Zeod sacó su espada bastarda del cuerpo del enemigo, se giró hacia mí y me tendió la mano sonriente mientras trataba de sacudir en vano la sangre de su arma.
-Parece que las cosas no vayan muy bien por aquí – dijo – pero no podemos pararnos ahora a descansar, Eria debió de delatar su posición con ese disparo, bendita puntería.
Desde luego, quedarme allí a esperar no era lo que tenía pensado para aquel momento, pero Annya había resultado herida por los cristales y llacía cubierta de sangre. Las cosas no podían ir peor. Tomé a la niña en brazos y salimos corriendo con la cobertura de Eria, corrimos hacia la salida principal, cruzamos varias manzanas, ocultándonos en callejones y sabiendo que teníamos a media ciudad siguiéndonos pero, por suerte, los presos que liberamos estaban dándoles que hacer. Cuando llegamos a la entrada, efectivamente, apenas había guardia allí, los dos vigilantes que debían de estar de guardia habían sido previamente liquidados por nuestra tiradora en lo que parecía un plan de huida premeditado, pero no lo era. Corrimos y corrimos hasta adentrarnos en el bosque, la ciudad planaria a nuestra espalda era un caos, mucho más allá de cualquier misión de infiltración o espionaje, eso había sido un ataque a gran escala.
-¿Dónde habéis dejado el vehículo de escape? La niña parece haber perdido bastante sangre.
-Eh… a diferencia de ti, vinimos directamente sin levantar sospechas por la puerta principal, vinimos en moto y… bueno, está dentro.-Dijo Zeod en una mueca que, sospecho, trataba de ser una sonrisa.
-Bueno… gracias por venir, creo que no os lo había dio antes ¿Qué vamos a hacer ahora?
En ese momento una enorme silueta asomó detrás de Zeod y comenzó a hablar antes de que me diese tiempo siquiera a reaccionar.
-Yo os diré lo que vamos a hacer, tu vas a esconderte con la niña entre la maleza y aquellos árboles del fondo, la tiradora hará lo propio pero hacia el este y tu, gatito, plantarás cara al enemigo directamente y harás todo lo que puedas contra los tres seres que nos siguen.
Pude reconocerlo gracias a su llamativo aspecto, era uno de los presidiarios. Se trataba de un enorme Ílmansar, de piel verduzca y lleno de pírsines y tatuajes, por su tamaño bien podría ser un oso pequeño, era casi una caricatura deformada de nuestro Narfren. Zeod dio un respingo al escucharlo, se giró y echó la mano de nuevo a la empuñadura de su espada.
-Tranquilo, es uno de los presos fugados, supongo que está en nuestro equipo.-Traté de calmarlo. El ílmansar sonrió y asintió.
-¿Entonces qué vas a hacer tu, prófugo, mientras yo lucho cara a cara contra tres de tus perseguidores?
-Yo y mis dos camaradas atacaremos desde la retaguardia.- Y mientras señalaba a sus espaldas, dos nuevas figuras emergieron de entre la maleza. Se trataba de dos presos más pequeños, pero sin duda bien entrenado. Perfectamente camuflados, habían estado guardando las espaldas de su compañero sin que ninguno de nosotros percibiésemos su presencia.- Bueno, como fuere, hacedme caso, se nos echan encima.
Los tres miembros de Ceres nos miramos y asentimos, no teníamos una mejor alternativa a la que aferrarnos ni era la mejor situación para discutir con aquellos desconocidos, asique cada uno se posicionó en los lugares indicados y los guardias no tardaron en llegar.
Zeod se encontraba solo, era un perfecto cebo y como tal funcionó, un cimnos se acercó hacia él en solitario, caminando pausado. Mantenía una forma humanoide y discreta, que iba cambiando a cada paso que daba, se iba moldeando hacia un ser cada vez más parecido a Zeod y cuando ya casi parecían de la misma camada, dejo de cambiar su aspecto y tan solo hizo crecer sus garras. Zeod se mantenía en guardia, con la espada desenfundada delante de él, esperando cualquier movimiento brusco o cualquier traza de dialogo, pero no la hubo.
El cimnos se abalanzó de repente sobre Zeod dando un enorme salto, digno de un auténtico lince, pero este se cubrió con su espada, haciendo que las garras de su enemigo chocasen contra ella, aunque no fue suficiente. El planario se aferró con fuerza a la hoja de la espada de Zeod, el forcejeo duró un par de eternos segundos, hasta que el homo-linx apartó a su contrincante de un rodillazo, haciendo que la espada saliese despedida hacia el vacío. La situación se agravó, los presos no estaban ayudando y nuestro compañero había sido desarmado, desde luego, un simple rodillazo no iba a ser un problema real para un militar planario. Dejé a Annya en el suelo y me preparé para lanzarme a ayudar, cuando un estruendo sonó desde los zarzales donde Eria se había ocultado. El cimnos recibió un impacto en el lateral izquierdo de su torso, acercó sus garras a la herida y vio su sangre correr por ellas, trastabilló hacia la derecha, pero tomó fuerzas para seguir combatiendo… demasiado tarde. Zeod ya se había abalanzado sobre él, anticipándose a cualquier tipo de posibilidad defensiva por parte del planario, y así hubiera acabado el combate, de no ser por la aparición de la sombra. Una enorme sombra salió de debajo del cimnos y no solo detuvo a Zeod, sino que lo lanzó y retuvo contra el suelo, el herido contrincante se sentó de golpe, debilitado por su herida, mientras la sombra iba devorando poco a poco a nuestro compañero.
Había olvidado por completo el hecho de que aquel ílmansar había advertido que eran tres los enemigos que venían a darnos caza. Hasta ahora solo estaba viendo dos y si los presos esperaban la actuación del tercero para aparecer, seguramente resultaría demasiado tarde, pero no fue así, los arboles del bosque se abrieron de golpe, dejando pasar toda la luz del sol que conseguía bañar la zona. Aunque no fue suficiente, la sombra se encogió por un momento y, mientras esto ocurría, uno de los presos se lanzó contra el cimnos que permanecía sentado en el suelo, tratando de recuperar fuerzas por su herida. La rodilla del preso se clavó en la espalda del cimnos a la vez que las manos empujaban su cabeza contra el suelo, se escuchó un grito ahogado y la criatura apenas volvió a moverse.
Aunque la situación comenzaba a pintar claramente a nuestro favor, las cosas siempre acaban girando y volviéndose contra los criminales, que por desgracia éramos nosotros, en este caso. Eria gritó de repente, un ser se mantenía quieto a su lado, una criatura completamente vestida, de ropas extrañas y llamativas simplemente la miraba, ella levantó el arma y apuntó, pero no hacia aquel ser, sino contra el preso que seguía ayudando a Zeod . Lo entendí enseguida, se tenía que tratar de un N’org, el tercer miembro del equipo enemigo era un mentalista y había tomado a Eria como rehén, aquella batalla estaba perdida. La sombra se irguió y lanzó al preso por los aires, en respuesta, una fuerte ráfaga de viento se levantó de entre las hierbas y una enorme bocanada de fuego alcanzó de lleno el cuerpo de sombra, que apenas se inmutó, mientras las llamas lo recorrían y chamuscaban a Zeod en su paso. En ese instante oí un grito a mi izquierda.
-¡Tomala y huye, no hagas que todo esto ocurra en vano! – El ílmansar apareció a lo lejos, como de la nada y hostigó a Zanquitos para que corriese hacia mí. Dudé un instante, pero el tiro fallido que Eria envió en mi dirección me dejó claro que era tarde como para que pudiese hacer otra cosa.
Tomé a la niña y monté como pude, haciendo correr a la pobre montura como seguro nunca nadie lo había hecho antes. Corrimos durante horas, hasta que me sentí seguro, no supe nada más de la batalla, solo que no podía volver con Annya en aquel estado, me juré que la entregaría y volvería a ayudar sin que nadie tuviera por qué enterarse de lo que había ocurrido. Llegué a la ciudad y me estaban esperando, entregué a Annya tal y como tenía planeado y la atendieron sin darme demasiadas pegas. No tengo que entregar el auténtico reporte a Ízan hasta mañana, asique me preparé para volver a salir, tomé armas de sobra, alquié un coche de los de verdad aunque me costara casi el sueldo de un mes y me preparé para salir pero.. .al llegar a la puerta allí estaban ellos, sucios pero ilesos, recién llegados del campo de batalla.
Eria y Zeod me contaron un poco como habían conseguido reducir al N’org y como los planarios habían abandonado el campo de batalla aun habiendo perdido al cimnos, que el propio schatten había rematado para evitarle un sufrimiento inútil. Ambos fueron a lavarse un poco y mientras yo preparé esta reunión para manteneros informados. ¿Buena aventura, eh? Y vosotros que pensabais que sería una misión suicida.
-Pues creo que lo era, Daren, has tenido muchísima suerte y obligado a tus compañeros a incumplir otras reglas por ti – Dijo Nolai – Pero me alegro que todo haya salido bien y espero que podamos olvidar este asunto, no obstante, me gustaría saber lo que Ízan tiene que decir mañana de todo esto.
La expectación de todos en la mesa se relajó un poco y la celebración se extendió por varias horas, el equipo Ceres por completo había vivido una de las experiencias más importantes de su historia y se quedaron hasta tarde charlando y bromeando sobre su futuro y su posible ascenso en la escala militar y de poder. Todo estaba cambiando muy deprisa y cada uno de los miembros del equipo lo sabía y lo sentía, los planarios no habían defendido con todas sus fuerzas y habían dejado escapar a los intrusos, se habían “dejado ganar” una batalla contra una de sus principales ciudades aliadas, desde luego, algo extraño estaba ocurriendo en lo más profundo de Edion.
El grupo Ceres cerró “La Cueva” aquella noche, a pesar de su cansancio, Daren aguantó hasta el final y se fue con los demás. Caminó alegre en la noche, disfrutando de la ciudad apagada y pensando en su pequeño apartamento, en su futuro, en cambiar poco a poco su vida y madurar un poco, crear una familia quizás. La verdad es que no le había gustado demasiado la experiencia, lo de él era ser un simple patrullero y encargarse de esas pequeñeces que hacen que la gente te sonría agradecida, no salvar pequeñas doncellas de malvadas y terroríficas garras enemigas. Reflexionó mucho sobre que haría de ahora en adelante si todo seguía esa trallectoría en ceres y mientras tanto, paseó por la ciudad, tratando de ver las estrellas en la noche, aunque fuese prácticamente imposible por la polución de la atmósfera. Se sentía vivo y joven, más que nunca pero, cuando el escalofrío helado atravesó su espalda hasta asomar por el pecho, él ya sabía lo que estaba pasando, ya se lo esperaba, en realidad, se sabía merecedor de ello. Allí en la oscura soledad de aquel callejón, cayó de rodillas y se dejó ir de espaldas, su asesino mantenía la cabeza cubierta por una máscara militar y la espada goteando en su mano. Daren sonrió.
-¿Cuándo ajusticias así a un compañero… cómo crees que serás tú juzgado mañana?
El asesino se mantuvo en silencio y se quedó a ver como las fuerzas iban abandonando el cuerpo de Daren. Si no hubiera sido él, otro habría hecho ese trabajo, pensó, no era culpa suya… ¿verdad? Aunque lo preguntó en voz alta, ya nadie podía responderle, nadie le había escuchado.

Permalink 3 comentarios

Una historia más 2-2

febrero 16, 2009 at 8:52 pm (Una historia más)


-Un suiras, supongo. Soy de la ciudad de Sein, solo vengo de visita.
-¿Y qué hacía huir lejos de los muros a una de nuestras visitas?¿No te importará que te acompañe a la ciudad y nos respondas a un par de preguntas?
-N…no, por supuesto, vamos dentro y seguro que todo coge sentido..
-Bien, detrás de ti.
Me levante con cuidado de aquel asqueroso barrizal y comencé a caminar frente mi captor, desde luego, la misión se había ido al garete, cientos de escusas y mentiras pasaron por mi cabeza para ayudarme a salir de tan embarazosa situación, pero no había forma de encontrar una respuesta que me permitiese salir airoso de mi fracaso en ambas ciudades… Pude escuchar como el suiras daba dos saltos cayendo justo a mi espalda y entonces, el sonido del metal al golpear contra la roca. Me giré a tiempo para ver como un enorme animal se erguía sobre el cuerpo del guardia, mientras aun saboreaba su sangre. Eché la mano hacia mi arma y el animal se encogió para tomar impulso, pero un nuevo movimiento del suiras lo alertó, el guardia no estaba muerto aun.
La bestia saltó a un lado, ahora podía verlo claramente, parecía uno de esos perros militares que nacen en laboratorios, con un tamaño gigantesco y la piel recubierta de escamas rojizas. Le apunté con mi arma (a diferencia de Rob, yo no podría especificaros el modelo de mi SMG) y comencé a caminar hacia atrás, esperando una reacción de la criatura. El suiras levantó una mano hacia mi, pidiéndome ayuda, en realidad él era un aliado pero poco podía hacer en esa situación, seguí alejándome y, cuando me descuidé, la criatura volvía a estar tendida sobre su cuerpo. Un grito ahogado acabo con la vida del guardia, lo que seguramente atraería más gente, pero aquella aberración me serviría de tapadera.
Aproveché la situación, corrí hacia el muro y barajé todas las entradas posibles, conocía bien la estructura del muro y la ciudadela, ya que era parte de esa importantísima documentación básica de la misión que medio miré… y deseé haber estudiado mejor… pero no fue malo del todo, existía un pequeño desagüe que tendría que estar completamente seco, así que me lancé sin dudar. Efectivamente el lugar estaba totalmente seco, entré reptando y acabé justo detrás de los cuarteles, no me di cuenta de lo extraño de la situación hasta que estaba en el interior de los muros, los 5 desagües partían de la parte trasera de los principales edificios de la ciudad y parecían ser totalmente inútiles. Obviamente, el alcantarillado era plenamente funcional y efectivo, y en la superficie no existía ningún tipo de “fluido” que desalojar… pero desvié mis pensamientos de esa desagradable imagen de los residuos planarios y volví a mi objetivo: el cuartel.
Una impresionante estructura de piedra y cristal, fundidas con trozos de una oscuridad aparentemente sólida, dando la impresión de una gigantesca criatura de sombra, abrazando para devorar las ruinas de un antiguo palacio. A partir de aquí, el plan era exacto en los detalles, dependía plenamente de mi apoyo en Sein, presioné un botón y esperé unos segundos, en seguida un numeroso grupo abandonó el lugar a toda prisa, dirigiéndose hacia la puerta y permitiéndome presuponer que la entrada estaría libre. Entré como si fuera mi casa y caminé por el edificio efectivamente vacío. Era como si solo fuese una coballa en un laberinto, observado por quienes, sin piedad, juegan con mi vida y me llevan a donde ellos les gustaría que estuviese… podía sentir como unos ojos se clavaban en mi, siguiendo cada uno de mis movimientos, me estaba poniendo paranoico.
Caminé por un pasillo totalmente cubierto de cristales y pase por delante de una buena cantidad de puertas cerradas hasta que llegué al ascensor, que sellaba el final del lugar. A su lado, dos puertas cerradas debían de esconder las escaleras de subida y bajada, respectivamente, abrí la primera puerta con cuidado y así era, un extraño conducto descendía hacia las entrañas de la oscura criatura, no es que me hiciese especial gracia, pero iba a tocar explorar un poco. Comencé a bajar poco a poco, no existía ninguna fuente de luz allí abajo y me vi obligado a utilizar una pequeña linterna, una auténtica desfachatez pero no tenía ninguna alternativa. Caminé durante al menos 5 minutos, antes de llegar al fin a la zona de las celdas, allí había una luz tenue que me permitió apagar mi linterna y moverme un poco más tranquilo aunque, a decir verdad, viendo menos. Las celdas de cristal a ambos lados del corredizo eran aterradoras, la mayoría estaban vacías, pero las que no me inculcaban un terror tal que incluso agradecía llevar puesta mi máscara. Al final del trayecto, el pasillo giraba terminando en forma de L y allí, justo en la curva, estaba mi objetivo, me acerqué cuidadosamente y traté de escudriñar la oscuridad.
Un bulto permanecía allí quieto, atado en una esquina de la celda, con unos tristes harapos, dignos de haber sido fabricados con la tela de un saco y una venda cubriéndole los ojos. Usé la tarjeta que debería abrir la puerta y justo cuando iba a cruzar el umbral una mano tocó mi hombro. Tomé la empuñadura de mi arma de mano al tiempo que me giraba y ahogué tres instintivos tiros en el estómago de un enorme carcelero de raza por determinar. Por un instante mis jadeos taparon la voz de la niña que forcejeaba inquieta tras de mí, el calor de mi pistola me hizo despertar, acababa de abrir fuego contra un aliado, me había descuidado y no había visto la sala de control al final del corredizo, tenía que salir de allí cuanto antes. Los nervios inundaron mi cuerpo en forma de escalofríos que recorren tu espalda sin un destino fijo. Corrí a liberar a la niña sin pensar.
-Tranquila, voy a sacarte de aquí y a llevarte a un lugar seguro donde te esperan los amigos de tus papis, ¿de acuerdo? –Dije mientras la desataba y la niña asintió.
Eché la mano hacia la sucia venda que le tapaba los ojos y entonces ella me detuvo, agarrando mi mano con más fuerza de la que se podría esperar de cualquier jovencita adolescente.
-¡NO! –Gritó –No me destapes los ojos, por favor…
No me quedó más remedio que hacerle caso, creo que comprendí perfectamente lo que estaba pasando y yo tampoco quería ver lo que podía pasar ahí debajo. La tomé de la mano y eché a correr todo lo rápido que ella y mis piernas en conjunto me permitían. Tomé mi pistola en lugar de la linterna esta vez y pensé en comenzar a subir guiándome únicamente por la luz de la superficie, pero estaba claro que si no habían descubierto ya mi presencia allí, no tardarían en hacerlo y el rebumbio que se había montado en el lugar, me dio la idea perfecta para huir. Frené en seco haciendo que la chiquilla tropezase contra mí y giré a toda velocidad hacia la sala de control, ignorando sus preguntas. La suerte me sonreía y los controles eran bastante simples, por lo que la alarma no tardó en sonar en la puerta opuesta a Sein y las puertas de las celdas se abrieron. Con esto los guardias estarían entretenidos.
-BIEN CHICOS, YO VOY A SALIR DE AQUÍ, ¿Y VOSOTROS?.ACABO DE MANDAR A TODA LA GUARDIA A LA PUERTA SUR, ASÍ PUES, LA SALIDA NORTE ESTÁ DESPEJADA. –Acababa de mentir a un montón de criminales liberados en lo que podría ser el día más delictivo y absurdo de mi vida.
Dejé que los que huían me sacasen bastante ventaja y entonces salí, de nuevo arrastrando a la niña y dejando atrás aun a unos cuantos presos indecisos, subí rápido pero sin correr, agarrando fuertemente mi arma y esperando cualquier tipo de sorpresa, pero no había nada allí en el pasillo, por lo que seguí adelante , convencido de que saldría de aquel lugar, ya estaba todo hecho, solo unos minutos más y… la niña se agarró a mi espalda lanzándome hacia atrás y haciéndome perder el equilibro, poco antes de que una sombra cruzase el pasillo de lado a lado, justo donde yo había tenido la cabeza tan solo unos milisegundos antes. Mi arma había salido disparada en la caída, pero eché mano de nuevo a la SMG y traté de levantarme lo más rápido posible, frente a mí, no puedo decir que fuera de repente, pero, de alguna forma una criatura había fluido hacia el pasillo para hacerme frente. Tragué saliva y comencé a disparar mientras la enorme la criatura caminaba hacia mí, como si la más sólida de las piedras convirtiese en humo aquellas partes de su cuerpo en las que mi munición impactaba. Aquello sonrió.
-Buen trabajo, humano, pero tu presa nunca llegará a Sein y tu pagarás aquí y ahora por tus delitos. – Dijo con una voz sacada directamente de las puertas del averno.
-Debe de ser cierto que los Schatten son la élite de los depredadores si tu eres uno de ellos – Dije con voz nerviosa -, pero vine preparado –y traté de sonreír lo mejor que pude.
Mi flashbang se deslizó entonces hacia sus pies y soltó un destello terrible que nos cegó a ambos y dejó vulnerable el cuerpo de mi enemigo. Disparé al azar hasta vaciar mi cargador y cuando mi visión se recuperó, el cuerpo yacía emanando litros de sangre a mis pies, dibujando una escena más bien poco agradable y que hizo que agradeciese la vende en los ojos de mi acompañante. Lamenté todo lo que había hecho aquel día, deseé no haber ayudado nunca a mi compañera, pero seguí corriendo hacia una puerta que estaba tan solo a unos pocos metros cuando se obstaculizó de nuevo. Si no era una réplica exacta de la criatura de hacía un segundo, debía de ser su hermano gemelo. Se lanzó directamente a por mí sin mediar palabra, sus dedos se afilaron y alargaron en una espada de oscuridad directa a mi cabeza, traté de agacharme… pero jamás me hubiera dado tiempo.

Permalink 1 comentario

Una historia más 2-1

noviembre 21, 2008 at 12:53 pm (Una historia más)

-En realidad, Daren, has cometido un delito que, aunque no parezca grave, pone bastante nerviosos a los cargos de nuestro ejército. A ver, si por mi fuera, no le daría importancia a nada de esto, haría oídos sordos y ni siquiera lo hubiese comunicado a mis superiores..!Hasta ellos son conscientes de que es un imposible lo que piden! Es muy complicado guardar al cien por cien en secreto tu división, incluso frente a tu pareja, que puede ser un compañero militar de otro grupo…
Pero la información que has traído te ha condenado, saber que había alguien en nuestras filas ayudando a un grupo invasor, es algo que no puedo guardarme y que, por tanto, me vi obligado a ofrecer al resto de dirigentes. Sin embargo, he conseguido que vieran el valor que has demostrado revelándola, por lo que fueron bastante condescendientes contigo. En concreto, Ízan te respaldó y ofreció que cumplieses una misión privada y personal para él, bajo su plena responsabilidad, eximiéndote de cualquier otro castigo. Deberías estar agradecido.
Dicho esto, el anciano organizador suelta sobre la mesa un pequeño portafolios con un par de hojas impresas y continúa explicando.
-Parece que en Izdgazen ha aparecido una nueva enfermedad que nos afecta especialmente a los humanos. Todavía no tienen claro de donde salió ni si se tratará de una o mutación provocada por el Xenon, pero ya ha habido un reducido número de víctimas que no sobrevivieron a sus efectos. Hace poco, fue afectada una familia humilde, originaria de nuestra ciudad y formada por grandes amigos de Ízan. El esfuerzo de los planarios por parar el avance de la enfermedad fue en vano y perdieron a todos los infectados, menos uno. La pequeña hija de la familia, Annya, parece que lleva estable ya un par de semanas y los planarios la han recluido en cuarentena como sujeto de experimentación.
Ellos dicen que es lo más inteligente desde el punto de vista científico y que una víctima que salva a cientos no es una víctima, sino un honorable mártir. Ízan… ni yo ni Ízan estamos de acuerdo con esta política, pero no podemos hacer nada, por eso te pedimos que te infiltres en Izdgazen y nos traigas a la niña, sin responder al nombre de nuestra ciudad, solo al nuestro. A cambio, quedarás libre de todo castigo por el incumplimiento de la norma C271, que has desobedecido.
En esos papeles tienes toda la información que necesitas, no va a ser fácil, pero estoy seguro de que puedes conseguirlo.
Un extraño zumbido comenzó entonces a rebotar en las cuatro pareces de la habitación, incesante y cada vez más fuerte y, entonces….
…desperté. El despertador llevaba ya un rato sonando y, en realidad, había descansado más bien poco, dándole vueltas a las instrucciones de la misión y aquellas palabras del viejo Assur. Toda la historia me parecía aun un cuento de ciencia ficción de los malos, con un terrible virus propagándose por el mundo y el gobierno confabulando para juguetear con él. Claro que no era nada que yo pudiese cambiar ni que me plantease siquiera cuestionar, mi misión era salvar a aquella pobre niña y, sin duda lo conseguiría. Me levanté ya vestido del día anterior, pensé en hacerlo más a menudo… es una buena forma de no pasar frio por las mañanas…. Y salí rápidamente de mi pequeño piso de soltero, miré hacia atrás, como si nunca fuese a volverlo a ver y sentí que todavía me quedaba demasiado por vivir como para temer a una misión de este calibre, sobreviviría y cumpliría con el castigo impuesto.
Caminé lentamente por la ciudad, saludando a todo el mundo y disfrutando del tiempo que me quedaba de calma, hasta que llegué a la puerta. El entrenador miraba el reloj y cabeceaba, aunque en realidad aun no era demasiado tarde, junto a él, se encontraba la dromestruz que me acompañaría en mi viaje.
-Como siempre, ajustando al máximo, por eso nunca llegarás a ser un buen soldado, por eso te metes en líos como este. Y lo peor no es eso, lo peor es que otros, aun encima, tengamos que estar aquí, esperándote y preparándote todo el viajecito. Ahí tienes tu transporte y lo demás ya lo sabes, yo me marcho.
-Si señor, lo siento, señor…
- Si, ojalá una disculpa me llevara al pasado para estar tirado en la cama hasta tarde con mi mujer…
Y así siguió desbardallando hasta que dejé de escucharlo en la distancia. No era la persona más agradable del mundo, desde luego, pero precisamente eso motivaba que nosotros no se lo pusiéramos tampoco demasiado fácil. Olvidando ya el tema, me fui a conocer a la dromestruz que me habían asignado, un animal enorme de un increíble pelaje pardo que, aunque no sería especialmente cómodo, lo compensaría con discreción, permitiéndote evitar los caminos y cruzar directamente por densos montes sin mayor problema.
Así fue, partimos de inmediato y cruzamos en línea recta hacia nuestro destino, el animal era un poco rebelde, pero se dejaba llevar y en tan solo 3 horas de viaje nos plantamos en territorio planario. La verdad es que ya estaba bastante cansado y dolorido por el viaje, asique desmonté y avancé un poco caminando de por mi mismo, tirando de mi montura. Mi cuerpo me lo estaba pidiendo, pero no me paré a descansar, no podía permitir que me cogiese la noche, al menos las sombras no hacían guardia por el día. La zona estaba tranquila y una dromestruz salvaje no es nada extraño de ver hoy en día por lo que, gracias a su tamaño, mi compañera me hacía de efectiva tapadera y pudimos avanzar tranquilamente, paseando y disfrutando de un paisaje que, al menos yo, nunca había visto.
La vegetación de la zona, aun estando tan cerca de Sein, era totalmente diferente, tenía una densidad y unos colores que yo nunca antes habría soñado pero, cuando quise darme cuenta, me había distraído y salido de la ruta planificada. Quise retroceder y empecé a hacerlo, los restos de plantas pisoteadas y aplastadas por la dromestruz guiaban mi regreso, cuando esta empezó a agitarse inquieta y salió corriendo en sentido contrario. Blasfemé y la di por perdida, estaba claro que no podía llamarla a gritos y, en realidad tampoco tenía forma de cazarla o disciplinarla, asique me estaba resignando a abandonarla cuando se detuvo; yo la miré dubitativo y ella me devolvió la mirada… podría decir que saltaron chispas, supe que no huiría, asique traté de ir hacia ella, pero algo me impidió mover el pie derecho de donde estaba. Miré hacia abajo sobresalto y la vi, una triste enredadera me había metido un buen susto, “peor que un niño”, pensé y eché mano de mi cuchillo, que salió volando en el momento que, de un tirón, la enredadera me lanzó de bruces contra el suelo.
De repente estaba allí, tendido en el suelo y sin saber muy bien lo que había pasado, el cuchillo se había ido volando a alguna parte entre la maleza asique, simplemente, me di la vuelta de un impulso y miré que era lo que me agarraba, suponiendo una trampa planaria… nada más lejos de la realidad. Cuando vi a la criatura en la espesura, recordé las driadas de los cuentos y me tomé un segundo para reflexionar sobre lo bonito que pintan todo los cuentos a los niños, añoré mis tiempos de niñez, sin preocupaciones ni criaturas a punto de comerte… Cuando reaccioné, apenas medio segundo después de ver a la criatura, no sabía cuál de mis armas sacar, dudé, mis manos recorrían mi equipación de un lado a otro, indecisas y entonces, la criatura tiró de mí y mi machete salió disparado contra su… lo que fuera con lo que me estaba agarrando. La extremidad se cortó como si de cualquier planta normal se tratase y la criatura ni se inmutó, tiré del machete clavado en el suelo y corrí, sin preocuparme de nada más, hacia la dromestruz, que había permanecido inmóvil mirando la escena y que comprendió perfectamente cuando llegué a su altura que no era momento de hacer preguntas.
Otra vez sufriendo el camino sobre la montura, avanzamos durante un par de horas más, estábamos realmente cerca ya de la ciudad y me vería obligado a volver a usar mis propias piernas. No es que no tuviera ganas de bajarme de “Zanquitos”, como bien bauticé al animal, pero en el camino había visto otras cosas extrañas y no quería encontrarme con el primo de la primera, ni de ninguna de las siguientes, cara a cara. Técnicamente todo esto era comprensible, no son comunes en Niwa las zonas tan pobladas como esta, por no mencionar que nadie pasaba por aquí jamás, para eso están los caminos… supongo que las criaturas se fueron acumulando en un hábitat relativamente habitable, pero eso no me estaba dando ninguna seguridad. En todo caso, no me quedó más remedio que bajar, no até a Zanquitos, le di unas palmaditas en la espalda y le dije “Si ves algo raro, tu huye”, quizás no era lo más adecuado, pero de todos modos yo ya no podía usarla más, tenía ya los muros del asentamiento a la vista y si la veían acercarse, seguramente alguien vendría a vigilar. La fui dejando atrás poco a poco y me fui acercando a los muros, mirando a mi alrededor una y otra vez, en sigilo, buscando cualquier indicio de vida, ya fuera salvaje o civilizada; examiné el muro en la distancia, en busca de una zona asequible por la que colarme, pero a plena luz del día, cualquiera me parecía totalmente descabellada.
Tras razonar un poco mi ubicación, me di cuenta de que me había desorientado por completo y decidí rodear desde lejos la ciudad, para buscar la situación de la puerta y poder hacerme una idea aproximada de la posición de los vigilantes. Giré hacia la izquierda y continué esa dirección hasta ver la puerta de lejos, si queréis saber por qué elegí la izquierda… la verdad es que es algo que me sale solo, lo elegí una vez y ahora siempre escojo ese lado, pero fue un error. En un momento dado noté algo extraño bajo mis pies, miré rápidamente pero esta vez no era nada vivo. Parecía un material sintético pintado de verde y camuflado en la hierba, no había lugar a muchas dudas, estaba pisando una trampa y, seguramente, la alarma había sonado en algún sitio dentro de la ciudad, por lo que eché a correr todo lo rápido que me lo permitían mis piernas. Corrí hacia atrás, en sentido contrario a la ciudad, hacia el lado en el que nunca buscarían a un presunto atacante, pensando en retomar la infiltración más tarde, cuando algo invisible se cruzó en mi camino golpeándome y volviéndome a mandar a visitar a un ya conocido suelo. Pero esta vez fue diferente, caí de espaldas sobre un suelo mullido, algo que agradecí, claro, pero entonces empecé a hundirme y, enseguida me encontré pegado, sin poder levantarme. Aquello que me golpeó tomo forma y color y se convirtió en una enorme rama de árbol y, sobre ella, se situó un ser de semblante serio, que me miraba esperando mi reacción, sabiéndome derrotado. Pero este no era un animal salvaje…
-Si haces un pequeño esfuerzo podrás levantarte-Dijo sacando un pequeño arma de fuego-, pero no tendrás tiempo de defenderte antes de que termine con tu vida.
El tipo parecía no estar mintiendo, era claramente un guardia de la ciudad de Izdgazen y tenía la situación totalmente controlada. De nuevo dudé por un instante qué debería de hacer, pero el individuo me intimidaba demasiado como para intentar nada. Tenía una piel rojiza que parecía estar ceñida a la musculatura de su cara, permitiendo distinguir cada músculo en movimiento con cada gesto. Vestía una armadura de metal oscuro, dividida en varias pequeñas piezas para no reducir demasiado el movimiento del portador y que le cubría totalmente el cuerpo, a excepción de cara y manos. Supongo que tendré pesadillas con ese encuentro lo que me queda de vida, después de todo, soy solo un triste miembro de Ceres y no estoy acostumbrado a ese tipo de enfrentamientos.

Permalink 2 comentarios

Una historia más 1-4

octubre 28, 2008 at 9:30 am (Una historia más)

El regreso tras un día de sucio trabajo fue tal y como todos esperaban, las felicitaciones y elogios en la sala de reuniones del cuartel supieron a poco a todos los integrantes de Ceres, mientras una sombra de silencio y preocupación flotaba en el aire. Esta vez se trataba de algo serio que todo el equipo debía discutir y aclarar, ya que cualquiera podría llegar a verse afectado, por lo que, como de costumbre, acordaron discutirlo con calma en La Cueva.
El local, como siempre, permanecía solitario, ofreciendo la intimidad idónea para el grupo y permitiendo que la discusión comenzara con las palabras de Nahenia.
-¿Por qué se supone que conocías a aquel tipo, Eria? Y ¿Por qué deberíamos decir nada al respecto? El asunto está resuelto, hemos cumplido, el campamento se ha desvanecido y, probablemente, el resto del pentagrama se encargará de que desaparezcan los demás, no tenemos por qué ir más allá.
-Siento decir que, como grupo, nuestra supervivencia es lo primero y, por ello, me veo obligado a darle la razón a Nahenia. -Añadió Narfren.
-Espero que estéis bromeando, esto es importante para la ciudad y para Eria, Ceres existe para servir a Sein y nuestra responsabilidad es apoyarnos en lo que podamos, ¡eso es lo que realmente asegura nuestra supervivencia como grupo!
-Sabes que no, Zeod, ni el bien para la ciudad es que desconfiemos unos de otros, ni el grupo se basa en la ayuda mutua, Eria, lo siento pero tú eres la única que debes cargar con esto, los demás no vamos a arriesgarnos por un error tuyo. –Sentenció Rob
- De acuerdo, lo entiendo….
-¿Cómo que un fallo suyo?… –Comenzó a gritar Zeod encarando a Rob, pero se vio interrumpido por la llegada de Daren, que bajaba las escaleras despreocupadamente.
-Si queréis pegaros creo que el dueño agradecería que lo hicierais fuera del local.
Nolai, hasta ese momento inmutable, sentado de espaldas a la escalera sonrió y se dirigió a Daren, sin girarse para mirarle.
-Llegas tarde.
-Lo se, disculpadme.
-Sabes que revelar tu identidad como miembro de un grupo militar es un grave delito, ¿verdad?
-Lo se.
Ante la cara de asombro de todos los presentes y mientras Daren tomaba asiento, Nolai se levantó y se dirigió al grupo.
-Como líder… no, como miembro y responsable de este equipo, tengo que respetar y comprender todas vuestras opiniones, pero cada uno es responsable de sus actos. Daren, creo no debiste haber cargado con las culpas de Eria y, como has tomado esa decisión en solitario, no puedo permitir que el resto de Ceres se vea involucrada, no obstante, por mi parte haré lo que pueda por que suavicen tu castigo, esta vez.
-Pero…¿qué se supone que ha pasado aquí?
- Sencillo, Eria –Dijo Rob riendo – el Daren se ha presentado delante de algún superior y le ha soltado lo mismo que tu nos soltaste a nosotros, que típico del muchachote, las cosas no se hacen asi.
-Pero…
-Nada de peros, –Interrumpió Daren a Eria – ahora ya está hecho, de todos modos han sido bastante condescendientes y solo me han sancionado con una misión en solitario. No puedo daros detalles, saldré mañana y espero estar de vuelta en unos días.
-Je, será algún tipo de misión suicida, no es como si aquí se perdonasen los fallos.
-Nahenia, no….
- Bueno, creo que ya hemos hablado suficiente, si no debemos conocer los detalles de la misión y, en teoría, ni somos conscientes del delito de Daren, es mejor que no permanezcamos más tiempo aquí desvelando oscuras conspiraciones contra los militares de menor rango… Por mi parte iré a ver si puedo descubrir que pasa con esa misión y a ver si te consigo algún apoyo, los demás, deberíais ir a descansar y olvidar el tema, pronto tendremos nuevo trabajo que hacer.- Dio así por terminada Nolai la reunión, mientras continuaba, intencionalmente, con la tradición de interrumpir a Eria.
En realidad, Daren sabía que su expedición no iba a ser nada remotamente similar a un pequeño paseo turístico. De vuelta en casa, comenzó a preparar lo que de algún modo pensó en llamar equipaje, cogió el traje de infiltración, sus pistolas y sus queridos machete y cuchillo, indispensables en cualquier tipo de excursión… o algo así. Finalmente, llenó una pequeña mochila de útiles de escalada y cogió un par de minas, “por lo que pueda pasar”, pensó.
Cuando terminó de preparar el equipo, ya era bastante tarde como para ponerse a dormir como si no pasara nada, por lo que solamente se echó encima de la cama a meditar sobre lo que había hecho pero, a pesar de los nervios, no pudo evitar dormirse. Cuando se levantó el despertador ya llevaba un rato sonando, alzó la cabeza jurando y tratando de abrir los ojos, cuyos párpados cargaban el peso del sueño y el miedo a partes iguales. Tirando de toda su fuerza de voluntad, Daren se levantó y salió a la calle, tristemente, las esperanzas de que alguien se hubiese acercado a despedirse o apoyarle acababan de desaparecer, asique caminó hacia la salida de la ciudad tratando de mostrarse lo más tranquilo y sonriente posible, saludando a sus vecinos con toda tranquilidad, como si realmente fuese de vacaciones, como si no fuese consciente de a donde se dirigía realmente, aunque sí lo era.

Permalink 1 comentario

Una historia más 1-3

septiembre 16, 2008 at 5:24 pm (Una historia más)

Si nos pidiesen mencionar la característica más identificadora de Sein, esta sería, sin duda, su extraordinaria separación por estratos. Sí, está claro que todas las ciudades tienen zonas o estratos que las dividen en función del nivel adquisitivo o el poder de sus habitantes, pero lo curioso en Sein es que estas zonas no se dividen con la ayuda de muros, guardia ni ningún elemento físico, simplemente, se envuelven unas a otras sin orden aparente alguno, síntoma claro de un crecimiento mayor de lo que el gobierno del momento supo gestionar.
Normalmente al señor Ízan le gustaba irse a lugares de clase media o al mercado, para contemplar la vida diaria y real de los ciudadanos, ver con qué tenían dificultades o cómo podría ayudarles él desde el edificio gubernamental, pero este no era uno de esos días. La noche anterior le había costado demasiado convencer a su secretaria de que su visita se había marchado por delante de sus narices sin que ella se diera cuenta, después de todo, era imposible que desapareciese dentro del despacho. “Solo era un pobre hombre de la casa de ancianos, que vino a pedir un pequeño aumento de fondos para el próximo trimestre”, le dijo pareciendo bastante convincente. Después tuvo que hablar con Uhon para que le diese los consentimientos necesarios para realizar una operación contra los campamentos AUR, aunque no fue ningún problema, ya que el alcalde comprendió la situación inmediatamente e hizo todo lo que pudo por tener el papeleo listo para la mañana siguiente, aunque ese era el verdadero problema. Todo era una operación secreta y encubierta, no debería saberse nada, pero los rumores corrían por las calles amedrentando al pueblo y alimentando a los agitadores.
Ízan necesitaba un poco de paz para meditar a fondo las repercusiones de todo este oscuro asunto, por lo que optó por irse a un lugar tranquilo y poco visitado, a uno de los locales más caros de la ciudad. Se acercó al lugar dando un pequeño paseo, divagando en su propio mundo, simulando las mil y una reacciones posibles de la gente de su ciudad y de los líderes de Izdgazen, la ciudad planaria. La presión a la que estaba sometido empezaba a hacerse notar y solo podía rezar por que las piezas que había movido fueran las correctas, entonces, en ese momento, una de los más insignificantes peones que pudieron verse afectados por la situación, apareció ante él.
-Buenas tardes Ízan –Dijo un hombre, sonriendo, desde la puerta del local.
Se trataba de una persona de estatura media tirando a alta, de pelo castaño y ojos oscuros, vestido de forma elegante pero sin exagerar… uno de tantos otros como había en esa zona.
-¿Con quién tengo el placer de hablar?
-Soy Nolai, del grupo Ceres, ¿podrías dedicarme un momento?
-… Sí, claro… supongo que no hay problema
Ambos hombres entraron juntos en el lujoso local, las mesas tenían casi habitaciones independientes, había yacusis y barras privadas a lo largo de todo el local visible y, cuando al fin tomaron asiento, a Nolai casi comenzaba a preocuparle más el precio de la consumición que las preguntas que tenía para Ízan.
-No te preocupes, yo invito –dijo este sonriente-, pero dime, ¿qué quiere el Nolai de Ceres, del que tanto hablan, de mi?
-Si hablan de nosotros será para mofarse de las tareas que se nos asignan normalmente y de eso precisamente he venido a hablar. ¿Por qué se nos ha asignado la misión de mañana?
Ízan se inclinó hacia delante en su asiento y cruzó las manos bajo su barbilla.
-Creo que eres la primera persona que viene a pedirme explicaciones por tratar de promover a su equipo.
-No me parece que esto sea una forma de promover a Ceres y, si lo es, creo que cualquiera de los soldados a los que represento estaría de acuerdo conmigo en que preferimos los eternos paseos por las llanuras.
-No puedo decir que no comprenda esa postura – Dijo Ízan volviendo a una postura más relajada- pero no hay caminos fáciles, sois soldados y vuestro trabajo es sacrificaros por el bien de toda la ciudad. En realidad, no quiero ser duro con vosotros, yo soy una persona firmemente arraigada en la creencia de que para levantar una gran ciudad se necesitan unas buenas bases, tanto en el terreno, como en los ideales, como en cualquiera de sus ámbito;, las bases, los cimientos, son aquello en lo que más recursos se ha de invertir, pues el resto viene solo. En este caso, yo creo en Ceres como la base para unas fuerzas militares humanas y preparadas, un comodín para servir de ejemplo y guiarnos hacia una nueva visión de esta absurda guerra que nos envuelve.
-¿Y de qué forma va a ayudar esta misión a nadie?
-Sólo un equipo de confianza puede encargarse de una tarea tan importante, no quiero que haya más filtraciones y prefiero guardar todo en el más alto secreto, necesito vuestra ayuda con este asunto, pero no os preocupéis, no se repetirá y haré que se os tenga en cuenta el esfuerzo que hacéis por vuestros hermanos.
-Está bien- En realidad no lo estaba, Nolai no estaba en absoluto de acuerdo con lo que le estaban contando, pero no era nadie para decirle a Ízan lo que tenía que hacer-, te dejo descansar tranquilo entonces, muchas gracias por atenderme y más en estas circunstancias.
-No te preocupes, pero antes de irte ¿Podrías decirme como supiste que estaría aquí?
-Alguien de mi equipo me dijo que la gente importante suele parar aquí.-Dijo Nolai sonriendo de nuevo y sin dejar de caminar hacia la salida.
A pesar de todo, Ízan estaba ahora más seguro de que las cosas saldrían bien, había elegido las piezas correctas, solo faltaba conocer el juego del azar. Se levantó de donde estaba y , tras avisar al servicio, se dirigió hacia un yacusi, por fin podría relajarse un poco.
Al día siguiente los hechos se sucedieron tal y como estaban previstos, Minerva atacó con mortal certeza a la señal de Baco, permitiendo a Ceres observar desde lejos la masacre. Cuando no quedaba ya nada por sacrificar en nombre de su libertad, Nolai y los suyos se acercaron al campamento para comenzar las tareas de limpieza, pero no sería nada fácil. Lejos de ser un campamento rápido y temporal, se trataba de todo un asentamiento, pequeñas casuchas metálicas sustituían a las típicas tiendas de campaña y un enorme arsenal decoraba todo el lugar. La sangre apenas había dejado intacto algún documento útil, los cadáveres estaban por todos lados, debían de rondar los doce individuos y, por la situación de los cuerpos, no se trataba de novatos, era increíble pensar que Minerva había logrado salir ileso de aquella batalla, pero todo lo que se podía escuchar de Minerva era siempre increíble.
-¡Oh, dios mío! – Gritó Eria.
Todos acudieron al lugar con las armas inútilmente en alto.
-¿Qué ocurre? Se atrevió a preguntar Zeod.
-Este hombre… es del equipo Júpiter.
-¿Traidores? Eso explicaría cómo han llegado hasta aquí sin que nadie se diese cuenta.- Respondió rob.
-Sí, pero entonces lo más probable es que también hubiese infiltrados de las restantes ciudades- Apuntó Nolai.
En realidad no había duda, uniformes de la AUR, armas como para hacer un ataque a gran escala, espías en la ciudad de Izdgazen y traidores en Sein, la cosa era más grande de lo que parecía y, como siempre, la AUR estaba metida hasta el fondo.
-Espero que ese traidor no fuera uno de tus queridos amigos, Eria. – Interrumpió Nahenia en tono incriminativo.

Permalink 4 comentarios

Una historia más 1-2

junio 29, 2008 at 10:59 am (Una historia más)

A la mañana siguiente los rumores habían comenzado a expandirse por las calles, incluso antes de que la noticia llegase a los verdaderos interesados.
A solo unas manzanas del cuartel, en la que quizás sea la zona más humilde de la ciudad, se encuentra “La Cueva”, un pequeño y oscuro local que difícilmente podría agradar a persona alguna pero que, poco a poco, se había ido convirtiendo en el lugar de reunión de los chicos de Ceres. Por un motivo u otro, de propia voluntad o haciéndose de rogar, todos los miembros del equipo acababan pasando por allí a lo largo del día y, como cualquier otro, aquel era un día más que desperdiciar.
-Oye Rob, ¿no has pensado nunca que este lugar debería tener una salida de incendios?
-¿A caso no la tiene?
-No me vaciles, tío, la de entrada no cuenta.
-Quizás eso ayude a explicar por qué estamos normalmente solos aquí dentro, Zeod.
En ese momento el camarero se acercó a la barra donde se encontraban, haciendo ademan de tener algo que decir, pero sus escasas intenciones de interrumpir a sus clientes se vieron frustradas por el estruendo de una persona bajando las escaleras que, en sentido opuesto, llevaban al exterior.
-Zeod, Rob, sabía que os encontraría aquí, tenemos que avisar a los demás, nos han asignado una misión.
-¿Y qué te excita tanto de salir a caminar bajo un tiempo de mierda, campeón?
-Oh vamos Rob, a veces no hay quien te aguante, venga, no nos hagamos de rogar –Dijo Zeod sacando la cartera para pagar las consumiciones.
-En realidad –Inquirió Daren- el hecho de que compartamos cartel con Minerva, me emociona bastante.
-¿En serio? –Contestó Zeod mientras recogía la vuelta y echaba una sonriente mirada de soslayo a Rob- Parece que al final las cosas si están interesantes.
Rob miró fija y seriamente a Daren – ¿Estás bromeando?
-Aquí mismo tengo la citación para la planificación de la misión, tenemos una hora para estar listos en el cuartel, asique ya podemos ir encontrando a los demás.
En realidad no fue difícil y en menos de media hora estaban ya todos esperando en el cuartel de la ciudad, notablemente nerviosos e impacientes y no era para menos. El equipo Minerva no era otro que el grupo de asalto de la ciudad, el único equipo pensado realmente para realizar un ataque contra un asentamiento enemigo y, según la lógica hacia concluir, la élite de las fuerzas de Sein. Ceres distaba mucho de ocuparse de tareas realmente importantes y peligrosas, el organizador militar de la ciudad, un simpático y entrañable abuelete para la opinión de la mayoría, solía decir que no hay tarea poco importante, pero en realidad lo que Ceres solía hacer rara vez pasaba de alguna labor de jardinería o una patrulla por un árido y desértico paraje; la aparición de ambos grupos en un mismo escenario, presagiaba un cambio claro en este papel.
La sala de reuniones está compuesta de cinco habitaciones, una pequeña habitación cuadrada y central contacta con cada una de sus paredes a una de las restantes y una ventana las comunica. Dentro de la habitación central tan solo hay un pequeño pedestal lleno de papeles y, en esta ocasión, ocupado por uno de los entrenadores del cuartel y, a ambos lados, unas cuantas sillas en su mayoría vacías, excepto una, donde se encontraba sentado el citado abuelete, el señor Círdelen. Las restantes salas podrían ser perfectamente una réplica de la sala de juntas de cualquier empresa del tres al cuarto, esta vez, solo dos de estas salas contiguas estaban ocupadas, las otras dos permanecían a oscuras. De pie, frente a las ventanas, se colocaban los líderes y representantes de los equipos reunidos, mientras que el resto del equipo escuchaba la reunión sentado en una larga mesa. En el caso de Ceres, había 7 personas en la sala, en la cabecera opuesta al cristal de la sala se encontraba Rob, quizás el más mayor del grupo, se trataba de un humano de complexión más bien robusta, pero sin legar a destacar, a su derecha se sentaba Nahenia, una espectro realmente peligrosa en combate, pero a quien su carácter había acabado por enviar a Ceres. A su vera se encontraba Zeod, el homo-linx, acompañado de su gran amigo Daren, el humano que le había hecho alistarse en el ejército. De pié, frente a la ventana, se encontraba Nolai, el líder del grupo, un humano aparentemente serio y diligente, pese a que quizás su aire formal y estirado existía solo para dar una imagen serena y organizada del grupo y, si era así y viendo la situación actual, casi podría decirse que realmente le funcionaba. Finalmente, en la banda izquierda de la mesa se encontraban Narfren y Eria, el primero ocupaba el papel del ílmansar del grupo, sin duda indispensable para la mayoría de las tareas de Ceres, mientras que Eria era una simple humana; aunque quizás no tan simple, ya que era la envidia de los tiradores de Sein, nadie aun podía explicarse su ingreso en Ceres… si bien algunos tenían ciertas sospechas.
Desde el atril resonaron dos pequeños golpes y la reunión dio comienzo, el entrenador levantó la voz y comenzó, sin rodeos ni florituras, a describir minuciosamente la situación y el plan de acción:
-La pasada semana, las fuerzas planarias de Izdgazen encontraron espías de la AUR rondando su ciudad, en consecuencia del refuerzo de seguridad realizado tras este incidente, se encontraron campamentos enemigos en los sectores que veis marcados en el mapa –Un holograma apareció frente a cada uno de los cristales de las salas ocupadas, con el mapa y las coordenadas exactas de los campamentos enemigos -, obviamente y como podéis ver, ha sido un fallo por nuestra parte permitir que se haya llegado a este punto, como capital de Edion debimos haber reaccionado antes de llegar a esta situación por lo que ahora debemos rectificar. Pero esto no es lo más grave, como podréis apreciar, uno de los asentamientos está a apenas unos kilómetros al sur de aquí, lo que nos incrimina aun más, subrayando nuestra negligencia. Ayer mismo, Ízan tramitó la orden de barrer ese asentamiento del mapa, no será como misiones anteriores y no habrá avisos, borraremos este fallo de la historia de nuestra ciudad. Baco se encargará de cortar las comunicaciones entre los tres asentamientos para que sus compañeros nunca sepan lo que ha ocurrido, Minerva permanecerá a la espera preparada y oculta alrededor del lugar, Corus todavía está reuniendo información, pero os brindará todo lo que debéis saber sobre su organización, número y fuerzas. Mañana, cuando reciba la señal, Minerva debe arrasar el campamento sin dejar un solo superviviente, al finalizar el trabajo, Ceres recibirá un aviso de Auxor, líder de Minerva y se desplazará a la zona, donde se encargará de que desaparezca todo rastro del campamento y sus habitantes, asegurando también el 100% de bajas. A demás, Minerva no descansará, necesito que estéis atentos a cualquier señal que pueda dar Baco sobre posibles mensajeros o patrullas en camino hacia el asentamiento atacado, en caso de que esto ocurra, Minerva será la responsable de que no regresen con noticias. Eso es todo. ¿Alguna duda?
-No, señor, entendido.- Dijo Auxor y la luz de la sala de Minerva se apagó inmediatamente.
-Pero… no ,señor, entendido perfectamente, señor.- Dijo Nolai y la luz de la sala de Ceres se apagó también.
Cada grupo salió por un pasillo independiente, aunque todos conducían a la salida, Ceres estaba confusa y decepcionada.
-Que honor… una misión con Minerva..-Dijo Rob en tono sarcástico.
-La verdad es que nunca pensaría que Sein actuase así, no es la típica solución que Ízan tomaría, ni tampoco una misión para Ceres –Añadió Narfren.
Las caras de decepción y meditación acompañaron al grupo a la salida entre murmullos, hasta que Zeod hizo la pregunta que todos se habían callado hasta entonces.
-Pero…¿Desde cuándo somos la capital de Edion?
Entonces el silencio absoluto absorbió al grupo, que siguió caminando todavía más oscuro y con la clara certeza de que Sein estaba cambiando.

Permalink 4 comentarios

Página siguiente »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.