Una historia más 2-1

noviembre 21, 2008 at 12:53 pm (Una historia más)

-En realidad, Daren, has cometido un delito que, aunque no parezca grave, pone bastante nerviosos a los cargos de nuestro ejército. A ver, si por mi fuera, no le daría importancia a nada de esto, haría oídos sordos y ni siquiera lo hubiese comunicado a mis superiores..!Hasta ellos son conscientes de que es un imposible lo que piden! Es muy complicado guardar al cien por cien en secreto tu división, incluso frente a tu pareja, que puede ser un compañero militar de otro grupo…
Pero la información que has traído te ha condenado, saber que había alguien en nuestras filas ayudando a un grupo invasor, es algo que no puedo guardarme y que, por tanto, me vi obligado a ofrecer al resto de dirigentes. Sin embargo, he conseguido que vieran el valor que has demostrado revelándola, por lo que fueron bastante condescendientes contigo. En concreto, Ízan te respaldó y ofreció que cumplieses una misión privada y personal para él, bajo su plena responsabilidad, eximiéndote de cualquier otro castigo. Deberías estar agradecido.
Dicho esto, el anciano organizador suelta sobre la mesa un pequeño portafolios con un par de hojas impresas y continúa explicando.
-Parece que en Izdgazen ha aparecido una nueva enfermedad que nos afecta especialmente a los humanos. Todavía no tienen claro de donde salió ni si se tratará de una o mutación provocada por el Xenon, pero ya ha habido un reducido número de víctimas que no sobrevivieron a sus efectos. Hace poco, fue afectada una familia humilde, originaria de nuestra ciudad y formada por grandes amigos de Ízan. El esfuerzo de los planarios por parar el avance de la enfermedad fue en vano y perdieron a todos los infectados, menos uno. La pequeña hija de la familia, Annya, parece que lleva estable ya un par de semanas y los planarios la han recluido en cuarentena como sujeto de experimentación.
Ellos dicen que es lo más inteligente desde el punto de vista científico y que una víctima que salva a cientos no es una víctima, sino un honorable mártir. Ízan… ni yo ni Ízan estamos de acuerdo con esta política, pero no podemos hacer nada, por eso te pedimos que te infiltres en Izdgazen y nos traigas a la niña, sin responder al nombre de nuestra ciudad, solo al nuestro. A cambio, quedarás libre de todo castigo por el incumplimiento de la norma C271, que has desobedecido.
En esos papeles tienes toda la información que necesitas, no va a ser fácil, pero estoy seguro de que puedes conseguirlo.
Un extraño zumbido comenzó entonces a rebotar en las cuatro pareces de la habitación, incesante y cada vez más fuerte y, entonces….
…desperté. El despertador llevaba ya un rato sonando y, en realidad, había descansado más bien poco, dándole vueltas a las instrucciones de la misión y aquellas palabras del viejo Assur. Toda la historia me parecía aun un cuento de ciencia ficción de los malos, con un terrible virus propagándose por el mundo y el gobierno confabulando para juguetear con él. Claro que no era nada que yo pudiese cambiar ni que me plantease siquiera cuestionar, mi misión era salvar a aquella pobre niña y, sin duda lo conseguiría. Me levanté ya vestido del día anterior, pensé en hacerlo más a menudo… es una buena forma de no pasar frio por las mañanas…. Y salí rápidamente de mi pequeño piso de soltero, miré hacia atrás, como si nunca fuese a volverlo a ver y sentí que todavía me quedaba demasiado por vivir como para temer a una misión de este calibre, sobreviviría y cumpliría con el castigo impuesto.
Caminé lentamente por la ciudad, saludando a todo el mundo y disfrutando del tiempo que me quedaba de calma, hasta que llegué a la puerta. El entrenador miraba el reloj y cabeceaba, aunque en realidad aun no era demasiado tarde, junto a él, se encontraba la dromestruz que me acompañaría en mi viaje.
-Como siempre, ajustando al máximo, por eso nunca llegarás a ser un buen soldado, por eso te metes en líos como este. Y lo peor no es eso, lo peor es que otros, aun encima, tengamos que estar aquí, esperándote y preparándote todo el viajecito. Ahí tienes tu transporte y lo demás ya lo sabes, yo me marcho.
-Si señor, lo siento, señor…
- Si, ojalá una disculpa me llevara al pasado para estar tirado en la cama hasta tarde con mi mujer…
Y así siguió desbardallando hasta que dejé de escucharlo en la distancia. No era la persona más agradable del mundo, desde luego, pero precisamente eso motivaba que nosotros no se lo pusiéramos tampoco demasiado fácil. Olvidando ya el tema, me fui a conocer a la dromestruz que me habían asignado, un animal enorme de un increíble pelaje pardo que, aunque no sería especialmente cómodo, lo compensaría con discreción, permitiéndote evitar los caminos y cruzar directamente por densos montes sin mayor problema.
Así fue, partimos de inmediato y cruzamos en línea recta hacia nuestro destino, el animal era un poco rebelde, pero se dejaba llevar y en tan solo 3 horas de viaje nos plantamos en territorio planario. La verdad es que ya estaba bastante cansado y dolorido por el viaje, asique desmonté y avancé un poco caminando de por mi mismo, tirando de mi montura. Mi cuerpo me lo estaba pidiendo, pero no me paré a descansar, no podía permitir que me cogiese la noche, al menos las sombras no hacían guardia por el día. La zona estaba tranquila y una dromestruz salvaje no es nada extraño de ver hoy en día por lo que, gracias a su tamaño, mi compañera me hacía de efectiva tapadera y pudimos avanzar tranquilamente, paseando y disfrutando de un paisaje que, al menos yo, nunca había visto.
La vegetación de la zona, aun estando tan cerca de Sein, era totalmente diferente, tenía una densidad y unos colores que yo nunca antes habría soñado pero, cuando quise darme cuenta, me había distraído y salido de la ruta planificada. Quise retroceder y empecé a hacerlo, los restos de plantas pisoteadas y aplastadas por la dromestruz guiaban mi regreso, cuando esta empezó a agitarse inquieta y salió corriendo en sentido contrario. Blasfemé y la di por perdida, estaba claro que no podía llamarla a gritos y, en realidad tampoco tenía forma de cazarla o disciplinarla, asique me estaba resignando a abandonarla cuando se detuvo; yo la miré dubitativo y ella me devolvió la mirada… podría decir que saltaron chispas, supe que no huiría, asique traté de ir hacia ella, pero algo me impidió mover el pie derecho de donde estaba. Miré hacia abajo sobresalto y la vi, una triste enredadera me había metido un buen susto, “peor que un niño”, pensé y eché mano de mi cuchillo, que salió volando en el momento que, de un tirón, la enredadera me lanzó de bruces contra el suelo.
De repente estaba allí, tendido en el suelo y sin saber muy bien lo que había pasado, el cuchillo se había ido volando a alguna parte entre la maleza asique, simplemente, me di la vuelta de un impulso y miré que era lo que me agarraba, suponiendo una trampa planaria… nada más lejos de la realidad. Cuando vi a la criatura en la espesura, recordé las driadas de los cuentos y me tomé un segundo para reflexionar sobre lo bonito que pintan todo los cuentos a los niños, añoré mis tiempos de niñez, sin preocupaciones ni criaturas a punto de comerte… Cuando reaccioné, apenas medio segundo después de ver a la criatura, no sabía cuál de mis armas sacar, dudé, mis manos recorrían mi equipación de un lado a otro, indecisas y entonces, la criatura tiró de mí y mi machete salió disparado contra su… lo que fuera con lo que me estaba agarrando. La extremidad se cortó como si de cualquier planta normal se tratase y la criatura ni se inmutó, tiré del machete clavado en el suelo y corrí, sin preocuparme de nada más, hacia la dromestruz, que había permanecido inmóvil mirando la escena y que comprendió perfectamente cuando llegué a su altura que no era momento de hacer preguntas.
Otra vez sufriendo el camino sobre la montura, avanzamos durante un par de horas más, estábamos realmente cerca ya de la ciudad y me vería obligado a volver a usar mis propias piernas. No es que no tuviera ganas de bajarme de “Zanquitos”, como bien bauticé al animal, pero en el camino había visto otras cosas extrañas y no quería encontrarme con el primo de la primera, ni de ninguna de las siguientes, cara a cara. Técnicamente todo esto era comprensible, no son comunes en Niwa las zonas tan pobladas como esta, por no mencionar que nadie pasaba por aquí jamás, para eso están los caminos… supongo que las criaturas se fueron acumulando en un hábitat relativamente habitable, pero eso no me estaba dando ninguna seguridad. En todo caso, no me quedó más remedio que bajar, no até a Zanquitos, le di unas palmaditas en la espalda y le dije “Si ves algo raro, tu huye”, quizás no era lo más adecuado, pero de todos modos yo ya no podía usarla más, tenía ya los muros del asentamiento a la vista y si la veían acercarse, seguramente alguien vendría a vigilar. La fui dejando atrás poco a poco y me fui acercando a los muros, mirando a mi alrededor una y otra vez, en sigilo, buscando cualquier indicio de vida, ya fuera salvaje o civilizada; examiné el muro en la distancia, en busca de una zona asequible por la que colarme, pero a plena luz del día, cualquiera me parecía totalmente descabellada.
Tras razonar un poco mi ubicación, me di cuenta de que me había desorientado por completo y decidí rodear desde lejos la ciudad, para buscar la situación de la puerta y poder hacerme una idea aproximada de la posición de los vigilantes. Giré hacia la izquierda y continué esa dirección hasta ver la puerta de lejos, si queréis saber por qué elegí la izquierda… la verdad es que es algo que me sale solo, lo elegí una vez y ahora siempre escojo ese lado, pero fue un error. En un momento dado noté algo extraño bajo mis pies, miré rápidamente pero esta vez no era nada vivo. Parecía un material sintético pintado de verde y camuflado en la hierba, no había lugar a muchas dudas, estaba pisando una trampa y, seguramente, la alarma había sonado en algún sitio dentro de la ciudad, por lo que eché a correr todo lo rápido que me lo permitían mis piernas. Corrí hacia atrás, en sentido contrario a la ciudad, hacia el lado en el que nunca buscarían a un presunto atacante, pensando en retomar la infiltración más tarde, cuando algo invisible se cruzó en mi camino golpeándome y volviéndome a mandar a visitar a un ya conocido suelo. Pero esta vez fue diferente, caí de espaldas sobre un suelo mullido, algo que agradecí, claro, pero entonces empecé a hundirme y, enseguida me encontré pegado, sin poder levantarme. Aquello que me golpeó tomo forma y color y se convirtió en una enorme rama de árbol y, sobre ella, se situó un ser de semblante serio, que me miraba esperando mi reacción, sabiéndome derrotado. Pero este no era un animal salvaje…
-Si haces un pequeño esfuerzo podrás levantarte-Dijo sacando un pequeño arma de fuego-, pero no tendrás tiempo de defenderte antes de que termine con tu vida.
El tipo parecía no estar mintiendo, era claramente un guardia de la ciudad de Izdgazen y tenía la situación totalmente controlada. De nuevo dudé por un instante qué debería de hacer, pero el individuo me intimidaba demasiado como para intentar nada. Tenía una piel rojiza que parecía estar ceñida a la musculatura de su cara, permitiendo distinguir cada músculo en movimiento con cada gesto. Vestía una armadura de metal oscuro, dividida en varias pequeñas piezas para no reducir demasiado el movimiento del portador y que le cubría totalmente el cuerpo, a excepción de cara y manos. Supongo que tendré pesadillas con ese encuentro lo que me queda de vida, después de todo, soy solo un triste miembro de Ceres y no estoy acostumbrado a ese tipo de enfrentamientos.

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2 comentarios

  1. khaus dijo:

    Hula ^^ Vi que actualizaste :D
    Te leeré cuando encuentre un ratito, que ahora soy un ser sin tiempo ><”

    xxx

  2. khaus dijo:

    つづく…?

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