una historia más 2-3
Pude escuchar un estruendo en el exterior y sentí como la cristalera que cubría todo el pasillo estallaba en mil pedazos sobre nosotros, el arma del schatten se elevó, perdiendo la amenazante trayectoria que llevaba, alcancé a ver como la criatura se precipitaba contra la base de la pared a mi izquierda. Perdí el equilibrio y terminé indefenso, sentado bajo una lluvia de cristales que poco podían hacer contra mi traje y, en medio de aquella situación, una silueta calló frente a mí y el arma del schatten, un momento atrás parte del cuerpo de la criatura, rebotó en el pasillo lejos de su dueño. La criatura emitió un último quejido lastimero y Zeod sacó su espada bastarda del cuerpo del enemigo, se giró hacia mí y me tendió la mano sonriente mientras trataba de sacudir en vano la sangre de su arma.
-Parece que las cosas no vayan muy bien por aquí – dijo – pero no podemos pararnos ahora a descansar, Eria debió de delatar su posición con ese disparo, bendita puntería.
Desde luego, quedarme allí a esperar no era lo que tenía pensado para aquel momento, pero Annya había resultado herida por los cristales y llacía cubierta de sangre. Las cosas no podían ir peor. Tomé a la niña en brazos y salimos corriendo con la cobertura de Eria, corrimos hacia la salida principal, cruzamos varias manzanas, ocultándonos en callejones y sabiendo que teníamos a media ciudad siguiéndonos pero, por suerte, los presos que liberamos estaban dándoles que hacer. Cuando llegamos a la entrada, efectivamente, apenas había guardia allí, los dos vigilantes que debían de estar de guardia habían sido previamente liquidados por nuestra tiradora en lo que parecía un plan de huida premeditado, pero no lo era. Corrimos y corrimos hasta adentrarnos en el bosque, la ciudad planaria a nuestra espalda era un caos, mucho más allá de cualquier misión de infiltración o espionaje, eso había sido un ataque a gran escala.
-¿Dónde habéis dejado el vehículo de escape? La niña parece haber perdido bastante sangre.
-Eh… a diferencia de ti, vinimos directamente sin levantar sospechas por la puerta principal, vinimos en moto y… bueno, está dentro.-Dijo Zeod en una mueca que, sospecho, trataba de ser una sonrisa.
-Bueno… gracias por venir, creo que no os lo había dio antes ¿Qué vamos a hacer ahora?
En ese momento una enorme silueta asomó detrás de Zeod y comenzó a hablar antes de que me diese tiempo siquiera a reaccionar.
-Yo os diré lo que vamos a hacer, tu vas a esconderte con la niña entre la maleza y aquellos árboles del fondo, la tiradora hará lo propio pero hacia el este y tu, gatito, plantarás cara al enemigo directamente y harás todo lo que puedas contra los tres seres que nos siguen.
Pude reconocerlo gracias a su llamativo aspecto, era uno de los presidiarios. Se trataba de un enorme Ílmansar, de piel verduzca y lleno de pírsines y tatuajes, por su tamaño bien podría ser un oso pequeño, era casi una caricatura deformada de nuestro Narfren. Zeod dio un respingo al escucharlo, se giró y echó la mano de nuevo a la empuñadura de su espada.
-Tranquilo, es uno de los presos fugados, supongo que está en nuestro equipo.-Traté de calmarlo. El ílmansar sonrió y asintió.
-¿Entonces qué vas a hacer tu, prófugo, mientras yo lucho cara a cara contra tres de tus perseguidores?
-Yo y mis dos camaradas atacaremos desde la retaguardia.- Y mientras señalaba a sus espaldas, dos nuevas figuras emergieron de entre la maleza. Se trataba de dos presos más pequeños, pero sin duda bien entrenado. Perfectamente camuflados, habían estado guardando las espaldas de su compañero sin que ninguno de nosotros percibiésemos su presencia.- Bueno, como fuere, hacedme caso, se nos echan encima.
Los tres miembros de Ceres nos miramos y asentimos, no teníamos una mejor alternativa a la que aferrarnos ni era la mejor situación para discutir con aquellos desconocidos, asique cada uno se posicionó en los lugares indicados y los guardias no tardaron en llegar.
Zeod se encontraba solo, era un perfecto cebo y como tal funcionó, un cimnos se acercó hacia él en solitario, caminando pausado. Mantenía una forma humanoide y discreta, que iba cambiando a cada paso que daba, se iba moldeando hacia un ser cada vez más parecido a Zeod y cuando ya casi parecían de la misma camada, dejo de cambiar su aspecto y tan solo hizo crecer sus garras. Zeod se mantenía en guardia, con la espada desenfundada delante de él, esperando cualquier movimiento brusco o cualquier traza de dialogo, pero no la hubo.
El cimnos se abalanzó de repente sobre Zeod dando un enorme salto, digno de un auténtico lince, pero este se cubrió con su espada, haciendo que las garras de su enemigo chocasen contra ella, aunque no fue suficiente. El planario se aferró con fuerza a la hoja de la espada de Zeod, el forcejeo duró un par de eternos segundos, hasta que el homo-linx apartó a su contrincante de un rodillazo, haciendo que la espada saliese despedida hacia el vacío. La situación se agravó, los presos no estaban ayudando y nuestro compañero había sido desarmado, desde luego, un simple rodillazo no iba a ser un problema real para un militar planario. Dejé a Annya en el suelo y me preparé para lanzarme a ayudar, cuando un estruendo sonó desde los zarzales donde Eria se había ocultado. El cimnos recibió un impacto en el lateral izquierdo de su torso, acercó sus garras a la herida y vio su sangre correr por ellas, trastabilló hacia la derecha, pero tomó fuerzas para seguir combatiendo… demasiado tarde. Zeod ya se había abalanzado sobre él, anticipándose a cualquier tipo de posibilidad defensiva por parte del planario, y así hubiera acabado el combate, de no ser por la aparición de la sombra. Una enorme sombra salió de debajo del cimnos y no solo detuvo a Zeod, sino que lo lanzó y retuvo contra el suelo, el herido contrincante se sentó de golpe, debilitado por su herida, mientras la sombra iba devorando poco a poco a nuestro compañero.
Había olvidado por completo el hecho de que aquel ílmansar había advertido que eran tres los enemigos que venían a darnos caza. Hasta ahora solo estaba viendo dos y si los presos esperaban la actuación del tercero para aparecer, seguramente resultaría demasiado tarde, pero no fue así, los arboles del bosque se abrieron de golpe, dejando pasar toda la luz del sol que conseguía bañar la zona. Aunque no fue suficiente, la sombra se encogió por un momento y, mientras esto ocurría, uno de los presos se lanzó contra el cimnos que permanecía sentado en el suelo, tratando de recuperar fuerzas por su herida. La rodilla del preso se clavó en la espalda del cimnos a la vez que las manos empujaban su cabeza contra el suelo, se escuchó un grito ahogado y la criatura apenas volvió a moverse.
Aunque la situación comenzaba a pintar claramente a nuestro favor, las cosas siempre acaban girando y volviéndose contra los criminales, que por desgracia éramos nosotros, en este caso. Eria gritó de repente, un ser se mantenía quieto a su lado, una criatura completamente vestida, de ropas extrañas y llamativas simplemente la miraba, ella levantó el arma y apuntó, pero no hacia aquel ser, sino contra el preso que seguía ayudando a Zeod . Lo entendí enseguida, se tenía que tratar de un N’org, el tercer miembro del equipo enemigo era un mentalista y había tomado a Eria como rehén, aquella batalla estaba perdida. La sombra se irguió y lanzó al preso por los aires, en respuesta, una fuerte ráfaga de viento se levantó de entre las hierbas y una enorme bocanada de fuego alcanzó de lleno el cuerpo de sombra, que apenas se inmutó, mientras las llamas lo recorrían y chamuscaban a Zeod en su paso. En ese instante oí un grito a mi izquierda.
-¡Tomala y huye, no hagas que todo esto ocurra en vano! – El ílmansar apareció a lo lejos, como de la nada y hostigó a Zanquitos para que corriese hacia mí. Dudé un instante, pero el tiro fallido que Eria envió en mi dirección me dejó claro que era tarde como para que pudiese hacer otra cosa.
Tomé a la niña y monté como pude, haciendo correr a la pobre montura como seguro nunca nadie lo había hecho antes. Corrimos durante horas, hasta que me sentí seguro, no supe nada más de la batalla, solo que no podía volver con Annya en aquel estado, me juré que la entregaría y volvería a ayudar sin que nadie tuviera por qué enterarse de lo que había ocurrido. Llegué a la ciudad y me estaban esperando, entregué a Annya tal y como tenía planeado y la atendieron sin darme demasiadas pegas. No tengo que entregar el auténtico reporte a Ízan hasta mañana, asique me preparé para volver a salir, tomé armas de sobra, alquié un coche de los de verdad aunque me costara casi el sueldo de un mes y me preparé para salir pero.. .al llegar a la puerta allí estaban ellos, sucios pero ilesos, recién llegados del campo de batalla.
Eria y Zeod me contaron un poco como habían conseguido reducir al N’org y como los planarios habían abandonado el campo de batalla aun habiendo perdido al cimnos, que el propio schatten había rematado para evitarle un sufrimiento inútil. Ambos fueron a lavarse un poco y mientras yo preparé esta reunión para manteneros informados. ¿Buena aventura, eh? Y vosotros que pensabais que sería una misión suicida.
-Pues creo que lo era, Daren, has tenido muchísima suerte y obligado a tus compañeros a incumplir otras reglas por ti – Dijo Nolai – Pero me alegro que todo haya salido bien y espero que podamos olvidar este asunto, no obstante, me gustaría saber lo que Ízan tiene que decir mañana de todo esto.
La expectación de todos en la mesa se relajó un poco y la celebración se extendió por varias horas, el equipo Ceres por completo había vivido una de las experiencias más importantes de su historia y se quedaron hasta tarde charlando y bromeando sobre su futuro y su posible ascenso en la escala militar y de poder. Todo estaba cambiando muy deprisa y cada uno de los miembros del equipo lo sabía y lo sentía, los planarios no habían defendido con todas sus fuerzas y habían dejado escapar a los intrusos, se habían “dejado ganar” una batalla contra una de sus principales ciudades aliadas, desde luego, algo extraño estaba ocurriendo en lo más profundo de Edion.
El grupo Ceres cerró “La Cueva” aquella noche, a pesar de su cansancio, Daren aguantó hasta el final y se fue con los demás. Caminó alegre en la noche, disfrutando de la ciudad apagada y pensando en su pequeño apartamento, en su futuro, en cambiar poco a poco su vida y madurar un poco, crear una familia quizás. La verdad es que no le había gustado demasiado la experiencia, lo de él era ser un simple patrullero y encargarse de esas pequeñeces que hacen que la gente te sonría agradecida, no salvar pequeñas doncellas de malvadas y terroríficas garras enemigas. Reflexionó mucho sobre que haría de ahora en adelante si todo seguía esa trallectoría en ceres y mientras tanto, paseó por la ciudad, tratando de ver las estrellas en la noche, aunque fuese prácticamente imposible por la polución de la atmósfera. Se sentía vivo y joven, más que nunca pero, cuando el escalofrío helado atravesó su espalda hasta asomar por el pecho, él ya sabía lo que estaba pasando, ya se lo esperaba, en realidad, se sabía merecedor de ello. Allí en la oscura soledad de aquel callejón, cayó de rodillas y se dejó ir de espaldas, su asesino mantenía la cabeza cubierta por una máscara militar y la espada goteando en su mano. Daren sonrió.
-¿Cuándo ajusticias así a un compañero… cómo crees que serás tú juzgado mañana?
El asesino se mantuvo en silencio y se quedó a ver como las fuerzas iban abandonando el cuerpo de Daren. Si no hubiera sido él, otro habría hecho ese trabajo, pensó, no era culpa suya… ¿verdad? Aunque lo preguntó en voz alta, ya nadie podía responderle, nadie le había escuchado.
Lelouch dijo:
mayo 5, 2009 a 4:59 pm
Un poco apresurado y sin revisar, que hacía mil que no actualizaba por el tema del concurso de relatos de Blizz…. ya le daré un repaso, pero así hacemos como que no voy tan retrasado con los posts xD
kaibad dijo:
mayo 11, 2009 a 11:24 pm
Jajajaja, gracias por actualizar
Ahora… ¿cuánto tiempo mantendrás el “continuará”? xD.
He tardado en leerte… sorry, mi cabeza es un hervidero de cosas ^^u
:p
kaibad dijo:
septiembre 11, 2009 a 11:42 am
Vaaaa, ¿y para cuándo la continuación? ñañaña