Una historia más 3-2

marzo 8, 2010 at 3:58 pm (Una historia más)

Tan solo unos días después de la reintegración de Ceres al trabajo, la secretaria de Ízan recibió de nuevo a aquel extraño viejo encapuchado. Ízan le saludó de muy buenas maneras y le invitó a pasar cerrando la puerta tras de si.
-Esta no es una visita como la de la última vez, Ízan. Nos has atacado. Sein ha atacado Ízdgazen.- Dijoel planario en tono amenazador.
- No creo que sea para tanto, todos cometemos errores. Tranquilízate y tratemos de llegar a un punto en común. Verás….
-No hay nada que puedas explicar que no sepamos ya. El soldado ha sido ajusticiado, igual que lo serás tú. Tus acciones fueron previsibles, ya lo sabíamos. Mis ordenes son claras, no he venido a aquí para hablar.
Tras escuchar estas palabras, Ízan echó mano a su mesa, lentamente la recorrió por debajo buscando el cajón, lo abrió de forma rápida y trató de coger el arma que allí escondía, pero no le dio tiempo. La pesada mesa salió por los aires de un leve empujón del schatten que, acto seguido tomó al político del cuello y lo levantó del suelo, acercándolo a la cristalera.
-Conoce tu lugar, Ízan, recuerda quién eres tu y quién soy yo.
En aquel mismo instante, la pruerta se abrió de golpe y el schatten se giró sorprendido, el arma de fuego del miembro de seguridad disparó sin dudar contra la inmensa masa de sombras y destrozó el cristal. El ser trastabilló hacia atrás, pero consiguió mantener el equilibrio. Ízan clavó el abrecartas con forma de espada que hábilmente había retirado del bolsillo de su camisa en la mano del schatten y lo pateó mientras se precipitaba contra el suelo. El guardia de seguridad disparó de nuevo al ver a su jefe liberado de aquel monstuo y el visitante saltó al exterior del edificio. Ambos pudieron ver cómo se fundía con las sombras y desaparecía antes de llegar al suelo, seguía vivo.
Al día siguiente los rumores habían llegado a “la cueva” y no era sorprendente el hecho de que fuesen el tema principal del debate del día. En tan poco tiempo, Melissa ya se había acostumbrado bastante bien a la vida en Ceres y asistía como los demás a estas reuniones, aunque no participaba de forma demasiado activa. Así pues, todo el equipo se encontraba reunido cuando Ízan bajó las escaleras del lugar.
-Realmente no es difícil encontraros. – Dijo sonriendo al ver al grupo entero sentado en una mesa del local.- Aunque creo que yo tengo algo de mejor gusto para los locales, ¿no, Nolai?
La bienvenida fue un poco extraña. Todos se levantaron sin tener claro qué hacer, saludaron aunque no como lo hubiesen hecho en el cuartel y le invitaron a tomar asiento. Así lo hizo.
-Bueno, supongo que ya habréis oído sobre el incidente de ayer. No se hasta donde llega la información o la veracidad de los rumores, pero ayer fui atacado. Actualmente mi seguridad pasa por un momento precario y necesitaría gente de mano en la que supiese que puedo confiar. Me gustaría que os convirtieseis, por un tiempo, en mi guardia personal. Un poco es mi forma de agradeceros las molestias que os habéis tomado últimamente y, por otro lado, quiero demostrar mi confianza en vosotros y contar con vuestro grupo para los eventos que se avecinan. Temo que la situación esté un poco tensa en Edion.
- Se nota que eres una persona ocupada, vas directo al grano. -Respondió Nolai – Pero me gustaría tener un momento de privacidad con mis compañeros antes de responder. No es una decisión que pueda tomar en su nombre.
- Lo se y contaba con ello. Disculpa mi falta de discreción,es costumbre de querer solucionar los problemas cuanto antes. Pero yo no tengo prisa, dejadme entonces disfrutar un rato con vosotros de este cuchitril y, si os parece bien, ya me responderéis mañana.
Negarse a la petición de Ízan no parecía una opción. No era un mal puesto, parecía un ascenso real en la escala y no conllevaba mucho riesgo. A demás, estar cerca de los manda mases siempre ayuda a seguir subiendo; con un leve aumento de sueldo todos cambiaron de puesto voluntariamente.
Una vez solucionada toda la burocracia, pasaron a ser parte de la sombra del político. Casi siempre, su trabajo se limitaba a esperar en la recepción de su oficina charlando entre ellos o acompañarlo a alguna reunión y quedarse en la puerta de la sala/edificio al que les hubiese arrastrado en esa ocasión. Se les trataba bien y no se les exigía nada, el trabajo perfecto para más de uno. Pero la tranquilidad duró para para consuelo de los más inquietos.
Apenas una semana después de que Ceres tomase el cargo de guardia personal, Ízan anunció que tendría una reunión diplomática con los líderes de Ízdgazen. Él, junto con todos los miembros de Ceres pasarían, al menos, un día y una noche en la ciudad planaria.
Todo ourrió según lo previsto. Organizaron el viaje y a la mañana siguiente estaban listos para partir. Utilizarían esta vez dos 4×4 y un gran coche de lujo para llegar a Ízdgazen, pero antes de distriuirse, ízan les advirtió.
-Este viaje no es tal y cómo está anunciado. Estoy viajándo a la ciudad planaria como preso y bajo vigilancia, y así me han de tratar. No hagáis nada hasta que yo no indique lo contrario, no queremos comenzar una guerra ni ser acribillados en su ciudad.
Las palabras no dejaron indiferente a nadie, pero en seguida los organizó entre los diferentes vehículos, sabiendo bien que no le convenía que Ceres pusiera sus ideas en común.
No hubo en la compañía nadie que no disfrutase del viaje. Después de la desértica planicie que rodeaba Sein, llegaron a una zona boscosa que se iba haciendo más y más densa conforme se acercaban a su destino. Era un paisaje realmente impresionante para ojos poco acostumbrados al verde, Narfren tubo que hacer un esfuerzo titánico por no saltar del vehículo en marcha.
Cuando llegaron al lugar, no fueron recibidos con honores. Ízan fue arrancado de su asiento por dos moles sombrías y todos fueron conducidos hacia la estructura que hacía las funciones de ayuntamiento. Toda la ciudad se reducía a un pequeño fuerte, con apenas 50 edificios, lo que dejaba presuponer a los miembros de Ceres que la mayoría del espacio utilizado se mantenía bajo tierra, no se equivocaban. El tránsito en la superficie era mínimo, apenas unos cuantos guardias e individuos no planarios paseaban por las calles que separaban los monstruosos edificios negros. Eria y Zeod ya conocían el lugar, fueron los únicos a los que no invadió el miedo, quizás porque ya habían burlado esas defensas una vez, quizás porque estaban demasiado ocupados pensando lo que podría ocurrir si les obligaban a retirarse el casco.
Entraron en el edificio, cruzaron un enorme hall y bajaron las pequeñas escaleras que conducían a una desmesurada sala de reuniones. Al llegar a las puertas dobles que la protegían, Ízan se dirigió a su guardia.
-Eria, Nolai y Rob quedaros aquí fuera, los demás no hace falta que estéis también de guardia, salid y tomaros un rato libre por el lugar, inspeccionarlo y estudiadlo.
Todos asintieron, los 2 schatten que dirigían a Ízan hicieron caso omiso a las instrucciones que este dió a sus subordinados y lo introdujeron por la fuerza en la sala. Las robustas puertas de madera se cerraron tras ellos. El equipo Ceres se quedó en silencio unos segundos, inspeccionó el lugar, las puertas de madera chocaban con la piedra negra y el metal que constituían el resto del edificio. Nolai consiguió romper la tensión y hablar a sus compañeros.
-Salid ya, os haremos saber si ocurre algo.- Dijo mientras apoyaba la espalda contra la pared de la sala y el grupo se dividió.

Ízan juntó todo su orgullo ante los nueve individuos que le esperaban sentados alrededor de una gran mesa, se estiró mientras entraba y los miró desde arriba, seguro de si mismo. Tras saludar protocolariamente y cómo si nada hubiese ocurrido, tomó asiento en la cabecera más cercana a la salida.
-Bueno, supongo que tenemos asuntos que tratar, señores. ¿Por qué tanta urgencia por traerme a aquí y de tan malas formas?
Ante él, en la cabecera, se encotnraba un N’org, sus ocho acompañantes se distribuían simétricamente a ambos lados de la mesa, ocupando las posiciones más cercanas a su lider. Los dos Schatten se mantenían en pie, cuidando la puerta y en la mesa no tenían ningún representante de su raza, siendo estos los únicos excluidos de la reunión. El N’org respondió a la provocación de Ízan.
-Estamos ciegos, ciegos y sordos, lo único que podemos hacer es tomar por la fuerza lo que creemos es una amenaza. Aquí podemos palpar y estudiar, aun privados de nuestros principales sentidos y nuestra fuerza, no vamos a quedarnos quietos.
-Ella es peligrosa – Interrumpió un Suiras sentado a la derecha del N’org- sea lo que sea lo que pretendas, no debes utilizarla. Ella fue demasiado para nosotros, tu no tienes ninguna posibilidad. Devuelvenosla.
Ízan sonrió y miró a sus interlocutores de forma desafiante. Los planarios habían empezado a comprender, sentían el miedo, pero aun no habían llegado a ver la mitad del problema en el que se habían sumido.

Melissa se detuvo de golpe, miró hacia su izquierda, hacia una pequeña entrada a un subterráneo, aparentemente rehabilitada a partir de una antigua boca de metro. El resto se detuvieron poco más a delante y miraron para ella, esperando algún tipo de explicación.
-Venid conmigo, debéis ver esto. -dijo ella mientras se desviaba.
Todos sabían que ella había estado allí anteriormente, todos aceptaban que ella no era un simple miembro de Ceres, nadie desconocía el hecho de que ella sabía más de todo aquello que nadie en la ciudad; por ello la siguieron.
Las escaleras bajaban y conducían por un estrecho pasillo sin luz, pero Melissa caminaba a buen ritmo y sin dudar. Los demás la seguían a tientas y ella avanzaba sin reparar en sus dificultades. Tras apenas un par de minutos de descenso y estrechamiento, el pasillo terminaba en una puerta metálica, tras la que se podían escuchar ruidos eléctricos, como si se tratase de una sala de generadores. En ese punto, el pasillo tenía apenas el ancho suficiente para que dos personas se cruzasen y Nahenia casi tuvo que hacer malabarismos para poder cargar contra la puerta.
La sensación general era de que se estaban poniendo una soga al cuello, pero nadie hablaba, nadie decía nada, algo les conducía a seguir a Melissa sin preguntas. La puerta rebentó de un golpe hacia atrás y golpeó la pared al segundo golpe de Nahenia. Ella se precipitó para dentro de la habitación con el impulso, se trataba de una sala alargada, toda la pared izquierda era una cristalera y al final había una puerta entreabierta que llevaba a una pasarela metálica. Los demás entraron de golpe siguiendo a su compañera y miraron a través del cristal, viendose sorprendidos, uno tras otro, por el extraño panorama que allí les había estado esperando.
Desde la habitación, suspendida en el aire, se podía ver un fondo de laboratorio, lleno de sujetos de experimentación. Entre ellos, un par de científicos se paseaban controlando y, al fijarse en la diferencia de tamaños, se dieron cuenta de que los sujetos con los que trabajaban eran, muy probablemente todos niños o adolescentes. Cuando quisieron darse cuenta, Melissa ya estaba saliendo por la puerta opuesta.
-Deberíamos dar la vuelta antes de que sepan que estamos aquí.- dijo Narfren rápidamente.
-Si, si quiere matarse que lo haga sola- Apoyó Nahenia.
Pero hablaban solos, Zeod ya había seguido los pasos de la pequeña. Ambos se miraron y encogieron los hombros, después de todo no tendrían escusa si les pasaba algo a sus compañeros.
Salieron y caminaron por la ruidosa pasarela mecánica, que cruzaba el laboratorio por las alturas y en perpendicular, conduciendo a los visitantes hacia una nueva habitación cerrada, simétrica a aquella en la que acababan de estar. Los científicos parecieron no darse cuenta de su presencia, probablemente, el ruedo eléctrico que inundaba la sala era mucho más fuerte abajo, pues las pisadas metálicas eran difícilmente camuflables.
Al otro lado del puente, Zeod intentaba forzar la puerta ante la atenta supervisión de Melissa. Nahenia suspiró y se unió a la carga, entre los dos, arrancaron la puerta hacia fura y la apoyaron en el extremo de la pasarela.
Melissa se había quitado el casco y slgunos de los sujetos entubados abajo la habían visto y reconocido, ella lo sabía, los miraba colgada desde la barandilla; cuando rompió la puerta, Melissa sonrio, como si la niña estuviese apunto de arrancarle las alas a su recién adquirida mosca. Sus compañeros dejaron de preocuparse de los planarios, empezaban a tenerle miedo a ella. Zeod decidió tener mano a su arma.

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