una historia más 3-4
3-4
Cuando la trender despertó se sentía rara. El ambiente era extrañamente seco, estaba debilitada y apenas sentía xenos en la zona. Reflexionó y se dio cuenta de lo ocurrido, habían modificado demasiado la realidad del lugar, volviendo el poder del xenos realmente inestable. Entonces recordó todo lo que había pasado, pero no estaba tirada en el suelo, trató de moverse… estaba atada.
Era demasiado tarde cuando pudo ver lo que pasaba. Estaba atada, a merced del enemigo y, el trender, estaba utilizando el xenos que había en ella y su propia vida para curar a sus compañeros. Elenne trató de moverse y luchar por su vida, pero ya no tenía fuerzas, poco a poco comenzó a dormirse de nuevo. Había sido derrotada y ella misma, contra su voluntad, había salvado las vidas de sus débiles enemigos.
Zeod y Nahenia permanecían estables pero malheridos, tan solo Melissa y Narfren estaban en condiciones de moverse.
-Deberíamos meterlos en el coche y marcharnos, pero no podemos moverlos en este estado ¿Qué vamos a hacer?-Dijo Narfren.- No creo que tarden en echar de menos a un trender de alto nivel.
-Yo lo que no creo es que salgan a buscarlo, era un soldado peligroso, creo que confiarán en que nadie hubiese podido vencerle, o estarán demasiado ocupados tratando a sus heridos. Parece que su batalla terminó hace poco y con la desaparición del xenos estarán bastante desconcertados. No creo que se pongan a rastrear.
-¿Entonces sugieres que nos quedemos aquí quietos y esperemos?
-Al menos esta noche, saliendo en coche llamaremos mucho más la atención, mejor quedarnos y ver cómo les va a nuestros compañeros.
-Creo que es demasiado arriesgado, pero tienes razón en que salir es igualmente arriesgado para nosotros y mucho más para Zeod y Nahen. Será mejor que pasemos aquí la noche entonces.
-Sí, yo a demás necesito descansar, me dejé llevar demasiado por el combate y…- Con estas palabras Melissa calló dormida sobre el sillón en el que estaba.
La granja que habían utilizado como escondite parecía llevar vacía ya unos días y debería servirles de buena tapadera. Narfren también decidió descansar un poco.
La luz les despertó a la mañana siguiente. Habían dormido despreocupadamente y eso les inquietaba ahora. El exterior parecía tranquilo, no había ningún movimiento y parecía que no estaban patrullando el exterior. Al rato se despertaron también los dos heridos, lo que tranquilizó bastante al grupo, pero no podían quedarse a esperar para ver qué ocurría.
En la granja tenían todo lo que necesitaban para pasar unos días en caso de necesidad. Todavía había comida y bebida en abundancia, y Narfren y Melissa sabían que no podían exigir demasiado a Zeod y Nahenia, por lo que decidieron esperar un poco en el lugar a ver como avanzaba el día, utilizando como escusa el exceso de luz para la huida. Los heridos no se dieron cuenta del engaño y aceptaron quedarse y descansar un poco más, hasta el atardecer.
- Melissa, ¿puedes hacerte cargo de esos dos? – Preguntó de golpe Narfren.
- Claro, ¿por qué?
- Quiero aprovechar, ya que vamos a pasar aquí un poco de tiempo más, quiero ver cómo están las cosas por dentro y recolectar la máxima información posible antes de irnos.
- Será mejor que vaya yo y tu te quedes, después de todo, tu eres el médico y yo la soldado.
- No, quédate tu, si hay qu defender el lugar, estás mucho más preparada, yo se escodnerme bien, tengo al mundo de mi lado.
- Hmmm, bueno, cómo quieras. ¿Cuánto tardarás?
- Si no he vuelto a las 19.00, iros sin mí.
-No lo haremos, si no has vuelto, saldré a buscarte.
-Lo sé, no arriesguéis demasiado. Volveré lo antes posible.
Diciendo esto dejó la casa y se acercó al coche, colocó la mano sobre el suelo y de este comenzaron a surgir enredaderas como las que cubrían parte de los muros más cercanos. Las plantas siguieron creciendo y pasaron sobre el coche. Cualquiera que lo viese aseguraría que aquel vehículo llevaba allí aparcado mucho tiempo, y eso era lo que Narfren pretendía. Sonrió, no estaba seguro de si debía alegrarse o preocuparse, pero parecía que se había normalizado un poco el xenos.
Se acercó al muro de la ciudad y caminó bien cerca hasta la primera brecha, desde allí miró al interior. Todo parecía en calma, la mayoría de los fuegos habían sido apagados, no se veía apenas movimiento por las calles y las persianas de los edificios permanecían bajas, aunque se podía intuir la luz en su interior. El ílmansar entró en la ciudad saltando ágilmente entre los restos del muro.
Las calles estaban desérticas y destrozadas, hacia las afueras todo parecía más intacto pero según se iba acercando a la nave, que permanecía estrellada en el centro de la ciudad, se iban notando más y más los restos de la batalla. Los vehículo sestaban destrozados, la sangre y los restos de los combatientes todavía cubrían el suelo en algunas zonas, los decorados y útiles de la ciudad presentaban “heridas de bala” en los casos más afortunados. La basura y los escombros cubrían toda la parte inteirior de la ciudad. Narfren pensó que tardarían meses en arreglar todo aquello y, mientras divagaba sobre ello, se topó con dos limpiadores.
Los dos hombres estaban ocupados regando con una sustancia desconocida para Narfren la basura y los escombros, por lo que no se percataron de su presencia. Al fondo de la calle, se podía ver una máquina con una enorme “boca”, que iba recogiendo basura, escombros y todo lo que tropezase con ella sin distinción. El depósito que tenía la extraña máquina era bastante pequeño, lo que hizo que el ílmansar se plantease esperar a que se llenara y seguirla hasta la base pero, a pesar de que esperó un buen rato, los obreros no se detuvieron y la máquina no dio vuelta, por lo que finalmente perdió la paciencia y optó por seguir el camino por su cuenta.
La ciudad era mucho más densa que ninguna otra que hubiese visto antes. Muchas de las calles eran estrechas y oscuras. Caminó sintiéndose confiando, aprovechando las sombras y los restos para pasar desapercibido, avanzó hasta las manzanas que rodeaban la nave, la observó desde lejos. La zona tenía mucha más gente, guardias, obreros y médicos caminaban por todos lados, parecía más peligroso. Miró con atención, la mayoría de los trabajadores no parecían llevar ningún tipo de identificación que los pudiese distinguir a simple vista, eso podía ser una ventaja. Si no llevaban uniformes no podrían detectar con facilidad que él no era uno de los suyos. Pensó en salir y caminar entre el enemigo con normalidad, entonces, algo le golpeó, y tiraron de él hacia la oscuridad que había a su espalda. No llegó a perder el conocimiento, pero realmente quedó confundido.
Fue arrastrado hasta una habitación iluminada y lo sentaron en una silla, había un grupo de hombres y mujeres, aparentemente desarmados. Estaban en el 2º piso de un edificio medio destruido, desde donde se podía ver perfectamente la nave y los alrededores. Las cortinas, como en los restantes edificios, estaban bajas, pero desde el interior se podía mirar para fuera, aunque no funcionase así al contrario. Narfren se dio cuenta de que, probablemente, le habían estado siguiendo desde el momento en el que entró en la ciudad, había confiado demasiado en la tranquilidad del sitio.
- Por lo que se puede deducir de tu atuendo, eres un soldado de Sein, ¿verdad? – Le dijo una mujer, que mascaba chicle de forma desagradable, mientras se le inclinaba encima.
El ílmansar miró a su alrededor, a demás de la mujer que le interrogaba, había al menos una decena de personas más. Todas vestidas como civiles, se paseaban de una habitación a otra de la casa charlando alegremente.
- Sí, lo soy. Estoy en misión de reconocimiento ¿Con quién se supone que estoy hablando?
- Con la coronel Rose, del ejército de defensa de Hulmanor. Me alegra ver que nuestros aliados se están moviendo. Pero necesito que lleves un mensaje a tus líderes, creo que no san tendido una trampa.
- Ya lo hemos pensado, debieron de crear los campamentos como distracción para luego atacar esta ciudad.
- Nuestras sospechas van mucho más allá de ese tipo de distracción. Como puedes ver, han encerrado a todos los civiles en sus casas y mantienen muchos grupos patrullando y trabajando en el exterior. Pero tan solo unos pocos llevan uniformes, solo los que se mantienen hacia las afueras y controlan a los civiles. A demás, una única nave en ofensiva, un noble y todos sus hombres ¿Qué te sugiere?
- Que la mayoría de los aquí presentes son guardia privada… ¿y este no es un ataque de la AUR, sino una decisión personal e individual de un noble?
- Premio. Por lo que la AUR no le apoyará si le damos muchos problemas. Tenemos que tratar de evitar que Edion lance un ataque contra la ciudad, los civiles ya han tendo bastantes bajas, tienes que hacer que tus líderes contacten directamente con la AUR y no hagan un ataque frontal.
- ¿Realmente crees que la AUR abandonará un punto dentro de Edion con tanta facilidad?
- Tenemos un último as en la manga, para facilitar las cosas. Hemos conseguido una ruta de entrada segura a la nave y obtenido allí información muy valiosa. Esta noche volveremos a entrar, quédate hasta entonces y te llevarás el detonante que hará que la AUR abandone a su aliado.
Entre tanto, el tiempo pasaba en la nave. Los heridos despertaban y dormían de forma intermitente y Melissa, en guardia, estaba cada vez más inquieta y aburrida. Miraba al horizonte, por la ventana, pensando en el combate del día anterior, cuando vio algo de movimiento y escuchó un vehículo detenerse, corrió hacia las armas y se escondió tras un sillón.
Empezó a ponerse nerviosa, aunque sabía que el enemigo no sería suficiente para vencerle, pero estaba sola y tenía que proteger a sus compañeros y eso la aterraba. Escuchó pasos que salían del vehículo y paseaban por el patio trasero, por la zona donde ellos habían aparcado su coche. Entonces se dividieron, al menos uno de ellos se dirigió directo a la granja en la que se escondían. Melissa tomó con fuerza la escopeta y apuntó hacia la puerta. Las bisagras apenas hicieron ruido, la puerta se fue abriendo lentamente y una pistola asomó primero, ella estaba preparada, pero apuntaba hacia el lugar donde debería estar la cabeza, no le importaban las manos del enemigo. Poco a poco, el intruso fue colándose por el pequeño espacio abierto que había conseguido sin necesidad de hacer ruido con la puerta, Melissa apuntó y… reaccionó a tiempo.
-¡Nolai! –Dijo – ¡Menos mal…! Hemos tenido algún problema por aquí, pero no hacía falta que vinieses en persona.-Se Corrigió de repente mientras bajaba el tono.
-Hemos visto vuestro coche fuera. ¿Dónde están los demás? – Dijo el líder del grupo haciéndole señas a los de fuera para que se acercasen.